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El bar El Cairo estuvo a punto de perder su nombre

El tradicional bar El Cairo ganó un juicio que durante cuatro años lo puso al borde de su extinción como emblema cultural, gastronómico y de atracción turística de la ciudad. Hace pocos días la...

Jueves 30 de Mayo de 2013

El tradicional bar El Cairo ganó un juicio que durante cuatro años lo puso al borde de su extinción como emblema cultural, gastronómico y de atracción turística de la ciudad. Hace pocos días la Justicia Federal ordenó que se declare la nulidad del registro del nombre fantasía que ostentó una mujer, que pretendió explotar las utilidades comerciales del tradicional nombre del espacio ubicado en la esquina de Santa Fe y Sarmiento.

El juzgado federal Nº 2 de Rosario, a cargo de Sylvia Aramberri, tramitó un extenso litigio que se inició en 2008 y transcurrió en silencio, pero que pudo tener consecuencias imprevistas. Enfrentó a los actuales titulares del comercio y a una mujer que durante la época en la que el bar se reconvertía en 2002, acercó un proyecto de espacio temático que nunca prosperó ni tuvo aceptación de parte de sus actuales titulares.

Así fue que arrogándose legitimidad para explotar la marca, Carolina Pressenda inscribió El Cairo en el Instituto Nacional de Propiedad Intelectual (Inpi), que en 2008 le dio la titularidad. Es más, en 2010 directamente intimó a Egipto SRL (sociedad que explota el bar desde 2004) a "cesar en el uso del nombre comercial, que retire publicidad, cartelería, avisos en los medios de comunicación, internet, packaging o simbología que incluya el tradicional nombre.

En 2008 se abrió la disputa judicial. María José Mattievich y Egipto SRL, titular del inmueble e inquilino y explotador comercial actual respectivamente, demandaron a Pressenda y pidieron la nulidad de la marca a su nombre.

Entendían que, para su exclusivo provecho, tuvo una finalidad "especulativa de utilizar la notoriedad, influencia tradicional en el consumidor y antigüedad del nombre El Cairo.

El tradicional bar fue inaugurado en 1943 por Felipe Millia, pasó luego a manos de Tzovanis, que en 2002 lo cerró por problemas financieros. En la demanda se remarca la importancia cultural del local, su vínculo con la cultura, con el recordado Roberto Fontanarrosa y su entrañable mesa de los galanes.

Recuerdan las etapas por las que atravesó el comercio, que lo pusieron al borde de su cierre definitivo, como el incendio desatado en el local en mayo de 2004 y que retrasó su reapertura, concretada finalmente el 26 de noviembre de ese año.

Y le reprocharon a Pressenda intentar "usurpar lo que no le correspondía en el momento de mayor debilidad de la actora, que intentaba retomar su giro comercial después de vaivenes económicos y sociales".

Derecho. "Existe un derecho amparado por ley sobre el nombre comercial El Cairo, que deriva del uso ininterrumpido, pacífico y exteriorizado que han realizado sus sucesivos y legítimos titulares desde su nacimiento", sostienen en la demanda los dueños actuales.

Después de una áspera disputa legal, Aramberry dictó sentencia hace pocos días. "No se ha acreditado un interés legítimo por parte de la demanda en el registro de la marca El Cairo. Por el contrario, su conducta demuestra un obrar incompatible con la buena fe en materia comercial, al intentar aprovecharse del uso y clientela que tenía el bar de Sarmiento y Santa Fe", dice la jueza en el fallo.

"Más aún, al haber presentado la solicitud de registro en el Inpi durante el período en el que permaneció cerrado, y luego negociar con una suma de dinero la titularidad de la marca", remarcó la magistrada en su escrito Nº 52 fechado el 22 de mayo pasado.

En el mismo hizo lugar a la solicitud de los dueños y declaró la nulidad del registro El Cairo a nombre de la mujer, que pretendió en vano sacar provecho de su fama y reconocimiento a través de utilidades económicas. Y el mítico bar ganó la partida.

Marca notoria y con "estatus"

"Se consideró que la marca El Cairo es notoria, estatus al que llegan aquellas que trascienden y son conocidas", explicó María Soledad Alvarez, una de las abogadas del bar. "La resolución invalida el aprovechamiento oportunista de quien busca apoderarse ilegítimamente de la marca sin intención de explotarla. Se tuvo en cuenta el intento de la demandada de vender la marca a los actuales dueños como señal incompatible con la buena fe en materia comercial".

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