Sábado 03 de Octubre de 2009
Por si los lectores no lo saben, el autódromo de Rosario Juan Manuel Fangio ha dejado de funcionar como tal, ni siquiera estará abierto para picadas. Es más, el autódromo dejó de serlo desde 2005, cuando no sé bien qué "extranjero" con mucho poder había decidido cerrar definitivamente el circuito para transformarlo, quizás, en un emprendimiento habitacional. Pero esta decisión, tomada en una oficina pública y a espaldas de la gente, fue una decisión política de quienes dicen hoy que piensan en la gente. Si Juan Manuel Fangio se levantara de la tumba vería con dolor cómo se cierra un lugar que ha sido orgullo de los tuercas de Rosario y la provincia de Santa Fe. Con las armas nobles con la que peleamos (marchas, movilizaciones, protestas radiales y televisivas) hemos tratado de protegerlo. Sin violencia, sin agravios, sin palos ni rutas cortadas. Protestamos porque nos arrancaban un pedazo grande de nuestro corazón tuerca, porque dejaban un montón de familias sin trabajo, porque nos dejaban entristecidos y sin explicación como al pibe que lo castigan por jugar haciendo ruidos con sus chiches en su propia casa. Hacíamos ruido pero el autódromo estaba vivo. Ahora ya no habrá más ruidos. Sólo el silencio de la muerte de un lugar que debió haber sido mejorado, reciclado, modernizado y activado para grandes eventos. Sin embargo, seguramente por dinero, se convertirá en un lugar planito y silencioso donde habrá casas, pero donde el deporte motor (carreras y picadas) estará definitivamente ausente.
Pablo O. Yáñez
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