Domingo 07 de Octubre de 2012
El mayordomo del Papa, Paolo Gabriele, condenado a un año y medio de cárcel por el llamado caso "Vatileaks", era un empleado modelo que consideraba necesario denunciar los escándalos del Vaticano para ayudar a la Iglesia a volver por "el buen camino".
Laico, de 46 años, Gabriele trabajaba al servicio del Papa desde 2006 hasta su detención el 23 de mayo pasado.
Casado y padre de tres hijos, "Paoletto" ha sido descrito como un hombre piadoso y discreto, un poco cerrado, y sin mucha iniciativa personal en el trabajo diario.
Encargado de preparar las prendas de vestir de Benedicto XVI, y siempre a su lado en el papamóvil, Gabriele en ocasiones comía con el Papa.
"Cuando me encontraba en la mesa del Santo Padre, él me planteaba preguntas sobre cuestiones de las que debería haber sido informado", dijo el ex empleado durante el juicio.
Pero, al mismo tiempo, sustraía y copiaba docenas de documentos secretos que transmitía fuera del Vaticano.
El mayordomo explicó que la desinformación del Santo Padre le provocaba ser "manipulado" por los sectores de la curia.
"Al ver el mal y la corrupción en todas partes en la Iglesia, mis frenos inhibidores desaparecieron. Estaba convencido de que un escándalo, incluso mediático, podría ayudar a la Iglesia a retomar el buen camino", dijo el mayordomo a los jueces.
Apasionado del esoterismo y el espionaje, Gabriele coleccionaba miles de artículos de periódicos. Durante los registros, los gendarmes encontraron en su casa increíble cantidad de papeles sobre Benedicto XVI, las rivalidades en El Vaticano, el banco del Papa IOR (Instituto para las Obras de Religión), pero también sobre la logia masónica ilegal P2, casos de espionaje, esoterismo, yoga o budismo y sus relaciones con el cristianismo.
Adulado por su proximidad al Papa, a Gabriele le costaba trabajo volver a su casa por todos aquellos que deseaban hacerle llegar un mensaje a Benedicto. "Todo el mundo confiaba en mí", dijo.
Los investigadores hablan de un "hombre sensible, capaz de cometer acciones que pueden perjudicarlo a él y a los demás".
El informe de un psicólogo que lo examinó, Tonino Cantelmi, habla de un "grave malestar caracterizado por la ansiedad, la tensión, la ira, la frustración".
Paolo Roma, otro psicólogo, se refiere a "una personalidad frágil con aspectos paranoicos que esconden una profunda inseguridad personal y un deseo insatisfecho de consideración y afecto".