Viernes 24 de Agosto de 2012
¡Libérenme! parece decir un árbol (ficus) que se halla prisionero en los estrechos y férreos límites de una columna que sostiene cables de la red domiciliaria de electricidad. El destino vegetal de ese árbol quiso que una semilla cayera justo en la superficie interior de la columna. Allí comenzó a crecer hasta hacerse grande; y algunas ramas empezaron a salir entre el enrejado de la torre como pidiendo ser liberadas de tan injusto encierro. Después de unos años, la vieja columna (de esas de "hierro ángulo" y cuatro lados), vencida por el devastador efecto del óxido, se desprendió totalmente de la base, y al inclinarse, sus hierros se incrustaron impiadosos en las ramas del ficus que luce en mal estado, como marchito. A tres metros de él hay otro ejemplar de la misma especie que goza de su natural libertad, mostrando sus relucientes hojas. En realidad, el árbol, convertido en inesperado y útil apoyo, está sosteniendo a la torre. Este insólito cuadro puede observarse en la ochava noreste de las calles Warnes y Uriarte del barrio Alberdi; pero pasa algo desapercibido dado que en el lugar hay otros árboles. Por eso desde esta sección, quiero hacer un llamado al personal de la EPE para que normalicen esa peligrosa situación y de paso dejen en libertad al sacrificado ficus que como tantos humanos y animales, sufre un inmerecido cautiverio.
Edgardo Urraco