Miércoles 11 de Febrero de 2009
César Tiempo nació en Ekaterinoslav (Ucrania) en 1906 y falleció en Buenos Aires en 1980. Casado por única vez con mi tía carnal Elena Itzcovitz, tuvo tres hijos: Enrique Martín, nacido en 1936; Blanca Isolda, nacida en 1938, y Víctor César, nacido en 1940.
Poeta precoz, periodista colaborador en múltiples publicaciones nacionales y extranjeras, conferencista, autor teatral, guionista de cine, actor en dos ocasiones (la primera en los Alpes Dolomíticos en el film "Barrera a Settentrione"; la segunda en "Esta tierra es mía", rodada en nuestro país a las órdenes de Hugo Del Carril), amigazo por vocación. Ahí: en la característica de amigo de ley, de camarada de lealtad inquebrantable, es donde aparece la figura de su gran adláter, el maestro de la pintura Julio Vanzo. Contemporáneos, casi de la misma edad: Vanzo nació en 1901 y falleció en 1984.
En uno de sus libros de reportajes, donde intercalaba reportajes reales con reportajes imaginarios, César Tiempo cuenta cómo conoció a quien fuera acaso su más genuino camarada de cinco décadas de vínculo. Corría el año 1930. Septiembre, para ser más preciso, cuando Tiempo junto al pintor Manuel Eichelbaum llega a nuestra ciudad en un viaje en tren. El pintor compañero de tren acababa de ilustrar "Libro para la pausa del sábado", del vate ucraniano. A instancias de Samuel Eichelbaum, decidieron buscar al pintor autóctono para conocerlo…
El joven Vanzo los recibió en su casa de calle Corrientes y al estrecharse las diestras no se percataban de que estaban sellando un "pacto" de camaradería vitalicio.
En el libro de reportajes al cual hago alusión se ven claramente las "idas y vueltas" de ambos intelectuales en tiempo y espacio.
Julio Vanzo fue amante de la escritora Rosa Wernicke, mujer de naturaleza enfermiza, a quien amó profundamente y le dispensó extremos cuidados para salvarla de la inevitable enfermedad que el destino le deparó.
Ante la pérdida de su esposa, el virtuoso pintor se radicó en su casa de calle Cochabamba. Mezcla de vivienda y atelier, era lugar obligado de visita cuando recalaban por estos pagos César y Elena.
En el reportaje de marras, Vanzo manifiesta que por línea paterna casi todos los miembros eran pintores y retratistas, y que pintaba un poco para él y otro tanto para los demás.
Hombre sencillo, Vanzo era un ícono irreemplazable de la cultura vernácula.
Se lo podía ver junto a un puñado de amigos en su mesa de la emblemática confitería de Corrientes y Córdoba, donde en una de sus columnas hay una placa en su honor.
Cuando César Tiempo y su esposa. venían por alguna conferencia u otro motivo de índole cultural, en más de una ocasión almorzaban en casa. Debo aclarar que yo por aquel entonces tendría nueve o diez años y era testigo de esas largas y jugosas charlas.
César Tiempo y Julio Vanzo, dos vivos exponentes de la camaradería viril con destinos relativamente similares: sobrevivir a sus respectivas mujeres. En septiembre de 1980, muere Elena Itzcovitz; en octubre del mismo año, destruido afectivamente, fallece César Tiempo.
Al mes o mes y medio de ambas pérdidas irreparables y almorzando en mi casa Vanzo, mis padres y yo, ya charlando a manera de sobremesa, el ilustre pintor confesó su fervorosa pasión por mi prima hermana Blanca Isolda Tiempo Itzcovitz, mujer de singular belleza por aquellos años, e hija de su amigo César Tiempo…
Con el correr de los años Blanca afianzó su vínculo de pareja con un médico legista santiagueño, tejedor de puloveres y portador de un revólver calibre 38 Smith & Wesson, apellidado Abalos. Blanca nunca supo que era el amor prohibido del maestro Julio Vanzo.