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El amor entre desconocidos, en una obra a la que le faltó clímax

Grandinetti y Roth se lucen en "Una relación pornográfica", pero la trama no tuvo la suficiente emotividad que pedía la historia.

Lunes 02 de Junio de 2014

¿Hasta dónde puede llegar una fantasía sexual? La respuesta es un interrogante y atraviesa toda la trama de "Una relación pornográfica", la obra teatral protagonizada por Darío Grandinetti y Cecilia Roth, que tuvo tres funciones el fin de semana pasado en el Auditorio Fundación Astengo.

Con la dirección de Javier Daulte, la historia parte de un encuentro acordado entre dos desconocidos, que se citan a través de una revista Triple X en el hall de un hotel sólo para tener sexo.

Identificados como Ella (Roth) y El (Grandinetti), el vínculo sexual será tan intenso y placentero (pese a que casi ni hay escenas eróticas), que ambos volverán a verse siete días después en el mismo lugar. Y allí comenzará una relación íntima, que hará que cada jueves en ese hotel sea el momento más esperado para los dos.

"Una relación pornográfica" plantea una nueva mirada a la soledad, y permite reflexionar acerca del fracaso de las relaciones de pareja a lo largo del tiempo, del poco espacio que se le brinda al placer por el placer mismo en los vínculos amorosos, y de los miedos a jugarse por las pasiones reales sin medir consecuencias.

Con una permanente apuesta a romper la cuarta pared, esa que permite que el actor involucre de lleno al espectador, tanto Ella como El van contando su derrotero sin dar demasiadas pistas sobre el entorno familiar o la vida laboral de cada uno.

La obra es breve, de apenas una hora y diez minutos, en una extensión lógica para la propuesta, ya que sirve para que la historia mantenga el nivel de seducción sobre la platea. Sin embargo, quizá por algún error de dirección, "Una relación pornográfica" se queda a mitad de camino. Paradójicamente al título de la obra, sobre el final queda la impresión de que la trama no alcanzó el clímax.

Es que, más allá del innegable oficio de Grandinetti y Roth, y de que sus interpretaciones van sin escalas desde el humor a la sensibilidad con cierta expresividad, hay un gusto a poco en el momento en que esa relación física muta en relación amorosa. Quizá por escaparle al lugar común de la declaración de amor, quedó algo híbrido el convite a los sentimientos. Un detalle no menor, que hubiese bastado para darle un clic emocional a la historia.

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