Domingo 15 de Marzo de 2009
"A la gente no podrán convencerla por más estudios y explicaciones que den, nadie nos va a sacar de la cabeza lo que vimos: no eran árboles arrancados por la tormenta, sino troncos talados por desmontes, los que traía el alud", afirma la antropóloga Marta Juárez, quien como cientos de vecinos no culpan a la naturaleza por la catástrofe, sino que la toman como a otra víctima de los intereses económicos.
"En la universidad, una geóloga desestimó la actividad de petroleros y sojeros como causa del alud. Ella dijo que por las características del terreno de la región se comenzaron a producir los desprendimientos. Pero los vecinos están convencidos de que la tala indiscriminada y las picadas petroleras abiertas en los cerros desataron el paso del torrente porque el agua ya no es filtrada por el follaje ni absorbida por la tierra reseca", resaltó la antropóloga, que también dirige el sitio Norte del Bermejo.
Para Martín Herran, ambientalista y docente investigador de la universidad salteña, no hay dudas: "El problema no fue producido por la naturaleza y tiene una causa política. La provincia es un dominio feudal de unas pocas familias que ahora invierten en minería, soja, madereras y petroleras. Además, quienes fueron ancestrales guardianes de los bosques son expulsados de los cerros. Ahora se intenta realizar un reordenamiento del territorio, pero existen muchos conflictos sobre los títulos de propiedad. Mientras una empresa aparece con papeles, los habitantes originarios son tomados como ocupantes".
Las rutas 34 y 86 son escenario de cortes realizados por vecinos, como los del sureño barrio Supe, donde desembocó el alud e inundó 365 viviendas.