Domingo 22 de Febrero de 2009
En una calle del barrio playero de Ipanema, el travesti Juju Maravilha, con un vestido dorado y verde y un tocado de plumas amarillas, necesita menos de cinco segundos para ponderar la respuesta a una pregunta. "¿El alma del carnaval? Está aquí, querido", responde, apuntando hacia una multitud de miles de personas reunidas para una de las más de 200 marchas informales en las calles de Río de Janeiro que dan vida a la bacanal anual de música, carne, baile y bebida.
El carnaval de Río, un evento que sirve de escaparate mundial para la ciudad, es indudablemente el desfile de dos noches organizado tradicionalmente por las escuelas de samba, un espectáculo adornado con miles de tambores, bailarines y carrozas diseñadas minuciosamente que cuestan más de 2,5 millones de dólares cada una.
La esencia del festejo. Sin embargo, los residentes y algunos turistas conocedores afirman que el verdadero centro del carnaval está en las fiestas, conocidas como "bandas", que tocan las mismas canciones tradicionales cada año, y en los "blocos" que mezclan la música cada vez. Los boletos para el desfile de las escuelas de samba por el Sambódromo pueden costar más de 1.000 dólares.
"Los orígenes del carnaval están en las calles", afirmó Paulo Montenegro, un abogado de 48 años que participó ayer en un bloco titulado "Golpéame, que estoy deseoso".
"Por eso los blocos son tan importantes: Son gratis, democráticos y transmiten las tradiciones del Carnaval".
Aunque los primeros desfiles callejeros del Carnaval comenzaron oficialmente el viernes, las fiestas han estado al 100 por ciento desde hace tres semanas.
Los blocos de Río de Janeiro son una tradición que se remonta a aproximadamente 100 años y existen en todas las partes de esa ciudad de seis millones de habitantes.