Miércoles 25 de Junio de 2014
“El hombre contemporáneo corre el riesgo de convertirse en un ser ignorante saturado de información” .Esta frase forma parte de una nota del escritor Ignacio Ramonet publicada por este diario. La nota ratifica, desde una posición autorizada y erudita, cartas que cordialmente La Capital nos publica semanalmente, con críticas a un periodismo que, sin generalizar, se muestra inadecuado; altamente reactivo y para nada meditativo, atento a los acontecimientos pero alejado e insensible al contexto. El escritor sostiene la necesidad de un nuevo paradigma para lo que considera una práctica periodística aquejada por una crisis sistémica que necesita ser reconstruida y reinventada. Cita a modo de consejo: “El ADN del periodismo ha cambiado profundamente, ahora es necesario que cambie el ADN de los periodistas”. Anticipa, “Vaticino un mercado despiadado ante una prensa y unos periódicos incapaces de lograr la generación de beneficios”. Como frase lapidaria dice: “No quedan garantías en la actualidad para la supervivencia de un periodismo de calidad”. Conclusión que alcanza tanto a la radio como a la TV, en especial a los canales de noticias en continuo, cuya decadencia e incredulidad no depara esperanza alguna de salvación. Perón le dice a Facundo Suárez, delegado de Balbín en Puerta de Hierro, preocupado por aquel periodismo de Argentina: “No se preocupe Facundo, el periodismo anda siempre con la escalera al hombro para ver a quién se suben”. Desde la lógica de la cultura social hoy las personas acceden al contenido de los periódicos pero a su vez desean que se los lea y además que se los escuche, derribando los muros de la verticalidad informática para convertirla en un necesario y moderno sistema horizontal o circular de información. Todo bajo la real amenaza del poder totalizante de internet, y por lo que hoy perciben los lectores, que se sienten traicionados, habiendo roto el vínculo de fidelidad con ciertos medios o periodistas, que antes eran periódicos y hoy son poderes concentrados, plenos de malicia ideológica. Efecto de un trabajo de inteligencia colectiva, especie de alquimia de la multitud, emergente de una moderna y consciente “censura democrática”. Evoca la perdida necesidad de ser creíbles, priorizando la búsqueda de la verdad antes de ofrecer un producto terminado. Sostiene con énfasis la necesidad de no confundir, advirtiendo las diferencias entre comunicador e informador. El comunicador actual es un simple empleado de un medio encargado de difundir un mensaje complaciente y adulador en favor de la empresa que se lo encarga, o leyendo textos que les imponen. Cada vez se hace más difícil diferenciar a un informador de un periodista, semejante mezcla ha dañado profundamente la confianza del público y asestado un muy duro golpe a la credibilidad de este depreciado mundo de la información. El ciudadano desconfía severamente de una prensa perteneciente a un puñado de oligarcas, que controlan además en buena medida el poder económico y que actúan a menudo en connivencia con ciertos poderes políticos.
Norberto Ivaldi