El accidente que nunca ocurrió
Ayer a las 13.10 mi mujer me llamó por teléfono para contarme con angustia que acababa de chocar a un ciclista en la esquina de Paraguay y Cochabamba. "No tengo idea de cómo pasó, ni sé de dónde salió, solo escuché un golpe en el...

Viernes 29 de Agosto de 2014

Ayer a las 13.10 mi mujer me llamó por teléfono para contarme con angustia que acababa de chocar a un ciclista en la esquina de Paraguay y Cochabamba. "No tengo idea de cómo pasó, ni sé de dónde salió, solo escuché un golpe en el guardabarros trasero y un grito", me dijo. El muchacho adujo que lo había encerrado y que le dolía mucho la rodilla. Ella le ofreció subirlo al auto para llevarlo a una clínica pero él se rehusó diciendo que tenía que ir a trabajar. De la nada apareció una mujer de unos 60 años, cuenta mi mujer, diciendo que había visto todo, que conocía a un abogado allí a la vuelta y se ofrecía a salirle como testigo. El muchacho solamente tomó la patente del auto y el celular de mi mujer y se fue caminando exhibiendo una leve renguera. Cuando me contó toda la secuencia entendí que el accidente no había existido. En mis 21 años en el diario cubrí decenas de veces historias de siniestros inventados para obtener dinero rápido litigando contra las compañías aseguradoras o bien generando acuerdos express con ellas a fin de evitar un juicio. A menudo las víctimas son personas que tienen lesiones auténticas originadas en otros incidentes o bien, según hay constancia en trámites judiciales, provocadas con la finalidad de sustentar demandas por siniestros. Fuimos rápidamente al Sideat para dar cuenta de un accidente presunto con una persona golpeada que se resistió a recibir ayuda médica. Mientras estaba en ese lugar el teléfono de mi mujer sonó tres veces con llamados de "la víctima". Antes de que nos fuéramos del Sideat el muchacho "herido" se dirigía a un estudio jurídico ubicado a 20 cuadras del "accidente" a firmar un convenio extrajudicial con la aseguradora que, decían sus responsables, era una vía más rápida y más conveniente que ir a un juicio. En un juicio, explicó el operador de seguros, teníamos todas las de perder. Mi mujer venía doblando en una bocacalle, ahí "enganchó" al ciclista, que quedó "lastimado" en la calle, con una rueda de la bicicleta doblada y que contaba con una "espontánea" testigo dispuesta a colaborar con él. "Por la experiencia de la compañía ir a un pleito judicial en estas condiciones es una derrota asegurada. El que va en el auto en esas condiciones pierde con certeza", dijo el agente de la aseguradora. Esta compañía el miércoles generó un acuerdo igual por un hecho idéntico ocurrido en Cochabamba y Moreno a las 19 de ese día. La víctima se llama Matías Emanuel P. El conductor asegurado contó un hecho calcado. Al escribir esto apenas pasaron dos horas del episodio. El "herido" ya tuvo un encuentro en un estudio jurídico donde un abogado de la compañía le hizo un pago extrajudicial en concepto de los "daños" que le causó "el accidente". Todo está listo para recomenzar. Creo tener una carta en la manga con la que espero que, si las cosas son como imagino, el turno de demandar ahora sea el mío.

Hernán Lascano