Sábado 21 de Mayo de 2011
El accidente y el hecho de que Sol Líneas Aéreas sea una empresa local que utilizan con frecuencia hombres y mujeres por cuestiones laborales, produjo un impacto fuerte en la psiquis de los rosarinos que suelen viajar por esa compañía. “Recibí numerosas consultas de personas de Rosario que tenían que volar horas después de la caída del avión de Sol”, dijo a La Capital Claudio Plá, psiquiatra, que desde hace 17 años se dedica a tratar la aerofobia o miedo a volar.
Plá, titular de Poder Volar, una entidad que funciona en Buenos Aires y que ayuda a vencer el temor a los aviones destacó que “cada vez que sucede una tragedia de estas características las consultas se multiplican”. El médico explicó que es común que se den dos situaciones: que se reactive el miedo en aquellos que lo sienten en forma habitual o que se despierte en quienes hasta ahora no se habían preocupado por el tema.
Sin dudas, enfatizó “el hecho de que se trate de una empresa local que suele utilizar la clase media rosarina por trabajo o placer, repercute de manera especial en la ciudad”.
El especialista dijo que “es importante que en estas circunstancias la gente recuerde que el avión es el transporte más seguro del mundo”. Respecto de los aviones Saab, como el que tuvo el accidente en la Patagonia, dijo que “suelo recibir más consultas porque se trata de aparatos que por sus características estructurales son más ruidosos, vuelan más lentamente, son menos flexibles en las turbulencias y los ruidos o movimientos se perciben más que en naves de gran porte. Pero la gente tiene que saber que nada de esto atenta contra la seguridad del pasajero”.
Las estadísticas a nivel mundial indican que es “más probable que una persona a lo largo de su vida muera por un accidente casero que por viajar en un avión”, según indicó Plá. De todos modos, sugirió que aquellos que no pueden dominar el miedo recurran a especialistas que puedan ayudarlos en un tiempo corto a destrabar este obstáculo. “Nueve de cada diez que hacen un curso o mantienen una charla con un profesional en la temática logra vencer sus temores”, dijo.
“No significa que viajarán con placer o sin ningún tipo de conflicto, pero lograrán que el viaje no esté cargado de tanta angustia. Algunos, incluso, empiezan de a poco a encontrar cierto disfrute en el vuelo”, comentó.
Estrés y trauma. El miedo, y hasta el terror, se pueden apoderar de una persona en las horas posteriores a una tragedia aérea, esté o no relacionada directamente con el accidente. Por eso, dijo el psiquiatra, “es necesario que aquellos que se sienten perturbados por esto se alejen de las imágenes y de las noticias que en forma permanente estarán dando detalles de lo ocurrido”.
A la psiquis hay que cuidarla y una manera efectiva de hacerlo es tomar distancia en forma concreta de lo sucedido. “En quienes tienen miedo suele producirse un efecto de pegoteo con la información vinculada al hecho. Miran todo, leen todo, consultan los diarios, los portales, buscan en Google para saber si pueden descubrir las causas del accidente”, ejemplificó el médico. Pero todo esto “no hace más que profundizar el miedo y las fantasías”. Pasarán muchos días hasta que las causas del accidente estén claras, explicó.
Plá, que tiene una vasta experiencia en personas con aerofobia (atendió a más de 4.500 pacientes) señaló que “el miedo a volar no es característica de una determinada personalidad. Puede afectar a personas muy sensibles pero también a hombres y mujeres con un carácter fuerte y hasta dominante”.
Dijo que no se trata de una manifestación de “inferioridad” porque son muchos los mecanismos que se desatan para que alguien no quiera subirse a un avión o se descomponga cada vez que tiene que viajar. “Al miedo hay que hacerle frente, hablarlo, procesarlo y para eso se necesita una contención especializada” que puede ser a través de un curso o de un profesional psicólogo o psiquiatra. “Hay gente que con una charla personal de una hora y media antes del vuelo suele obtener resultados positivos”, comentó.
Algo excepcional
“Para que un avión tenga un accidente grave se tienen que dar una serie de acontecimientos. Se habla de los siete errores encadenados; por eso las tragedias aéreas son infrecuentes”, señaló el psiquiatra Claudio Plá, especialista en aerofobia. En general, agregó, “la gente le hecha toda la culpa al clima, y las condiciones climáticas son, en todo caso, la condición que menos impacto tiene a la hora de un accidente con víctimas fatales”.