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El 2014 será una pulseada entre el dólar y el salario real

El acuerdo de precios anunciado el viernes promete iniciar una etapa superadora respecto de las puestas en escena que organizaba Guillermo Moreno"

Domingo 22 de Diciembre de 2013

El escenario económico para el año que ya arranca asoma, cuanto menos, un escalón más complicado que el de los últimos doce meses. Y aunque el menú de dificultades es amplio, existen algunos puntos calientes que concentran los análisis y que se resumen en dos palabras: inflación y tipo de cambio.

   Ante estas tensiones que persisten en la vida económica argentina, aparecen al menos dos caminos a recorrer, ambos con más espinas que pétalos: una devaluación que permita recuperar competitividad pero derrumbe los salarios, o un ajuste generalizado que oxigene los bolsillos del Estado, aún a costa de un precio político elevado.

   En todos los casos, la sensación es que se vienen tiempos de vacas flacas que obligarán al Ejecutivo a meter tijera allí donde se pueda, sin llegar a los shock neoliberales de los 90 pero con restricciones que se sentirán en el poder de compra de los salarios y que meterán presión a la puja distributiva.

   En la opinión de algunos economistas, como el investigador del Conicet, Martín Schorr, sin correcciones estructurales “todos los caminos conducen al ajuste o a la devaluación, y el resultado de eso es una caída del salario que atacará objetivamente a la base del gobierno, que es la clase trabajadora”, por lo que al problema económico se le suma otro de índole político.

   Por su parte, Nicolás Dvoskin, de la Sociedad de Economía Crítica, puntualizó que la devaluación creciente del dólar oficial da la pauta de una “desnormalización” del modelo, tal como evolucionó hasta ahora: “Esto conlleva algún tipo de incremento de la conflictividad distributiva para el año que viene”.

ANCLAS ESTRUCTURALES. Para Schorr, compilador del libro “Argentina en la posconvertibilidad: ¿desarrollo o crecimiento industrial? Estudios de economía política” el año se plantea “complicado”, con al menos dos problemas críticos que plantear: la inflación y su impacto sobre la distribución del ingreso; y la restricción externa con sus problemas derivados de balanza de pago.

   Esos puntos conflictivos descansan sobre tres factores estructurales que explotaron en los últimos años, y que si no son atendidos también de manera estructural meterán cada vez más presión: el proceso de extranjerización de la economía nacional, el déficit energético, y la acumulación de malas gestiones en política industrial.

   “Los registros de estructura productiva en manos de capital extranjero son en el país de los más altos de la región y del mundo, seguimos con un régimen de inversión extranjera vigente desde la dictadura, y también siguen en pie casi todos los tratados bilaterales firmados en los años 90”, puntualizó Schorr, para quien esto genera limitantes serias respecto a cómo actuar frente al capital extranjero.

Crisis energética. Respecto al tema energético, puntualizó que si bien la nacionalización de YPF fue una medida “muy buena y muy celebrada también” lo que el país requiere para solucionar ese déficit es una nueva política para el sector “que aún no se perfila”.

   El tercer punto que señaló (“del cuál no se habla tanto”, dijo) es la industria: “Falta una política industrial, tenemos un ministerio que no trabaja de ministerio de Industria”.

   Estos factores combinados, a medida que sube la inflación y se deteriora la competitividad, le sirven en bandeja a los sectores más concentrados el pedido de una devaluación aún más drástica del peso respecto al dólar para reabsorver así la restricción externa.

   El gran contrapeso de esto es que se traduciría en una nueva caída de los salarios y en un empeoramiento de la redistribución del ingreso.

   Para el especialista, la madre de todos los problemas está en los problemas estructurales que Argentina arrastra tanto como legado de los 90, como por las políticas de “acciones y omisiones estatales” de los gobiernos de la posconvertibilidad.

   “Estamos en un techo estructural, la sensación es que se viene un ajuste si no se hace nada en serio en política energética o industrial, y seguimos con correcciones del momento sin medida de largo plazo”.

   Por eso, para el investigador lo más importante es enfatizar que la crisis de coyuntura tiene que ver con problemas estructurales “que lejos de haberse resuelto, empeoran cada día”.

   “En política industrial no hicimos nada y eso es una explicación bien importante de la restricción externa, y si bien hay una herencia indudable, también es cierto que se profundizó esa herencia”.

   Respecto a la inflación, como pasó siempre “la solución mágica que el poder económico ofrece es devaluar”, lo que le daría un empujón fuerte a las exportaciones a costa de una recesión también más fuerte con caída de salarios.

   “Sin correcciones estructurales todos los caminos conducen al ajuste o a la devaluación, y el resultado de eso es una caída del salario que atacará objetivamente a la base del gobierno, que es la clase trabajadora”, por lo que al problema económico se le suma otro de índole político.

   “Cualquiera de las dos vías ataca a los sectores populares”, dijo Schorr.

   Una tercera opción que puede ir combinada con alguna de las ya mencionadas es generar endeudamiento “para ganar tiempo y patear para adelante los otros problemas”.

   Sin embargo, en un gobierno que hizo del desendeudamiento una bandera volver a endeudarse “tendría un costo político”. Aún así, es una opción “que se estudia”.

PASAR EL VERANO. Nicolás Dvoskin, docente de la UBA e integrante de la Sociedad de Economía Crítica, también señaló que “en líneas generales la situación está un poco mas complicada que en años anteriores”, al considerar que existe un indicio muy claro de “desnormalización” como es la creciente tasa de devaluación del dolar oficial, “el único que realmente importa”.

   El economista señaló en ese sentido que la economía argentina “se mueve en un 95% con dólar oficial”, ya que los precios internos no siguen al dólar blue.

   “Que el dólar oficial se devalúe a un ritmo creciente, controlado pero mucho más elevado que antes, conlleva algún tipo de incremento de la conflictividad distributiva para el año que viene”.

   Durante los últimos años, Argentina logró tener controlado su problema de restricción externa al sostener un tipo de cambio subvaluado. Así fue que —con algunas oscilaciones— se mantuvo en alza el salario real en dólares, lo que fue “la norma de la discusión distributiva de estos años”.

   “No fue la panacea pero venía ordenado, más o menos se sabía cual iba a ser la paritaria para el año siguiente y la inflación se mantuvo controlada”.

   Estas variables son las que ahora no están tan claras, en una discusión que abarca varios aspectos pero que tiene al control de divisas como una punta de lanza.

   Según Dvoskin, los controles cambiarios “están bien” en la medida que “la compra de dólares no es un derecho humano”, aunque calificó a la forma de implementar estos controles como “muy mala” ya que en realidad habilitó “un enorme negocio paralelo”.

   “El Central pierde divisas porque son cada vez menos los que entran divisas al dólar oficial, la forma de organizar el mercado cambiario desincentiva que haya liquidación de divisas oficiales”.

   Sin embargo, dijo que habrá que esperar para ver cómo se organiza la política cambiaria “después del verano”, cuando afloje la sangría de dólares por el turismo y empiecen en serio las discusiones paritarias para 2014.

   Como Schorr, consideró que si la respuesta del gobierno a la crisis externa y la inflación es acelerar el ritmo de devaluación “más allá de efectos posiblemente expansivos a nivel de actividad, es regresivo para las mayorías populares porque deprime los salarios”.

   En ese punto, defendió la figura y las medidas del ministro de Economía Axel Kicillof, a quien no dudó en calificar como un economista “que no profesa las ideas del ajuste ortodoxo”.

   “La economía argentina está practicando algo que de no ser Kicillof el ministro, todos criticaríamos como un ajuste devaluatorio, pero al menos a mi la figura del ministro me permite dudarlo”, dijo.

   Desde su visión, todavía es muy pronto para juzgar a la nueva gestión de Economía. Señaló que todavía es incierta la manera en la que se rearticularán los precios relativos a la luz de las nuevas paritarias, así como la política de gestión de precios.

   “Todavía se están nombrando funcionarios por lo que va a ser difícil saber el rumbo al menos hasta marzo, las paritarias serán un momento clave para ver cómo se reorganizará esa redistribución del ingreso”. •

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