Ejemplos a seguir
En esta época del año en la que el ocaso demora en deleitarnos, imaginé vivir un lunes sin grandes particularidades. Eran las 18.10 cuando arribaba a mi hogar en el ciclomotor de mi propiedad. Al detener la marcha observé aproximarse a dos hombres en idéntico medio de movilidad.

Miércoles 31 de Octubre de 2012

En esta época del año en la que el ocaso demora en deleitarnos, imaginé vivir un lunes sin grandes particularidades. Eran las 18.10 cuando arribaba a mi hogar en el ciclomotor de mi propiedad. Al detener la marcha observé aproximarse a dos hombres en idéntico medio de movilidad. La circunstancia que se desplazasen en dirección contraria a la permitida y la escueta distancia motivó un único pensamiento: aguardar inexorablemente por lo inevitable. Uno de ellos descendió, se aproximó con un arma de fuego y me exigió la moto (¡con cuánto derecho se creen sobre las pertenencias ajenas!). Resignado, procedí a entregarla. Irónicamente no satisfechos con concretar el cometido, otros dos, en dantesca connivencia, se apersonaron y palparon mis prendas con el único propósito de sustraer la documentación relativa a la misma. En el preciso instante en el que uno de ellos intenta poner en arranque lo que mentalmente califiqué como "robado" y que paradójicamente no consigue, un vehículo estaciona bruscamente descendiendo del mismo dos oficiales de la policía y evitando con su pronto accionar un hecho delictivo de mayor dimensión. Pocos minutos transcurrieron cuando el lugar fue colmado de varias sirenas que anunciaban la presencia policial. Se presentó el sargento primero Ariel Bengochea a cargo de la seccional 14, que luego de interesarse por mi integridad física ofreció trasladarme a la comisaría en su vehículo particular (ofrecimiento que no fue declinado). Efectuado el trámite correspondiente, el sargento me trasladó nuevamente hacia mi domicilio. Es así que, conforme lo relatado, no queda más que expresar palabras de agradecimiento hacia estos tres seres humanos dignos de ejemplo: el sargento primero Ariel Bengochea y los oficiales Roldán y Videla. Pues lejos de la pérdida o conservación de un bien material lo indiscutible es que me sentí seguro. Tan seguro como en mis días de infancia en los que mi madre al reprocharme un mal comportamiento señalaba la figura policial, no con la intención de emprender mi huida sino como símbolo de respeto y admiración.

Daniel Locascio,
DNI. 10.495.153