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Ejecutaron de siete balazos al dueño de un local de compraventa de autos

Un crimen con sello mafioso. Fue el lunes a la noche en Ovidio Lagos al 5100, a sólo 100 metros de la Jefatura. Una deuda sería el origen del homicidio.  

Miércoles 03 de Septiembre de 2014

Los sicarios que asesinaron a Germán Gonzalo Tobo la noche del lunes no le dieron tiempo a nada. Fueron dos hombres que llegaron a pie, encapuchados y que aprovecharon el factor sorpresa para ejecutarlo de siete balazos calibre 9 milímetros en la puerta de su negocio de venta de autos de alta gama en Ovidio Lagos al 5100, a tan sólo una cuadra de la Jefatura de policía. Tobo estaba junto a un socio y un empleado, parados al lado de su auto, pero sólo él recibió los certeros impactos. Trece vainas servidas quedaron en la escena de un crimen con condimentos mafiosos y para el cual hasta anoche los pesquisas no tenían pistas ciertas. No obstante, algunas fuentes se aventuraron a decir que el homicidio estaba preanunciado y que se originó en una fuerte deuda que la víctima mantenía con un hombre que está preso por sus vínculos con el narcotráfico.

A los 42 años Tobo no era un improvisado en la compraventa de autos de alta gama. Había trabajado cuatro años en Reina Automotores, un negocio que funcionaba en bulevar Oroño al 2700 y sobre el cual varios investigadores posaron su mirada años atrás por supuestos vínculos con el lavado de dinero. Y también en la concesionaria Lume, propiedad del asesinado Luis Medina, de quien se desvinculó meses antes de que a éste lo acribillaran a balazos, el 29 de diciembre pasado. Su nombre también estuvo asociado al desembarco de la franquicia del boliche y restaurante Esperanto, que funcionó sólo seis meses en Presidente Roca y Zeballos y cuya propiedad se atribuyó a Medina.

Hipótesis y vínculos. El fiscal de la Unidad Especializada en Homicidios, Adrián Cimino, no tenía anoche hipótesis claras sobre el crimen de Tobo. Y mientras los allegados a la víctima destacaron que nunca estuvo vinculado a causas penales, fuentes judiciales indicaron que su nombre "está formalmente mencionado" en el sumario de dos investigaciones por homicidios ocurridos el mismo día, tramitados por el juzgado de Instrucción 5ª y vinculados al narcotráfico.

Se trata de los crímenes de Santiago Alfredo "El gordo" Pérez, de 35 años; y el de Domingo Epifanio "Chucky" Vivas, de 52, asesinados la noche del sábado 15 de septiembre de 2012 en supuestos ajustes mafiosos. También fue investigado por "falsificación de número de objeto" en 2006, un delito común para el rubro de los vendedores de autos usados. Tobo estaba casado, tenía una hija y residía en Funes.

Las postales de los últimos tiempos de Germán Gonzalo Tobo lo muestran trabajando cuatro años en la concesionaria Reina Automotores, de Oroño al 2700. Un emprendimiento reiteradamente mencionado en la última década en investigaciones penales como un lugar donde se blanqueaban capitales provenientes del mercado de las drogas y donde varios narcos adquirían sus autos de alta gama. Pero en los últimos dos años Tobo fue el vendedor estrella de otra agencia de autos, más precisamente de Lume, el local que Luis Medina tenía en Pellegrini al 5500 hasta diciembre pasado.

Según relataron los allegados de Tobo a los investigadores, el hombre se desvinculó de Medina "pocos meses antes de que fuera asesinado", el 29 de diciembre de 2013 cuando a bordo de un Citroën DS3 fue emboscado y acribillado en el acceso Sur y Ayolas. En ese hecho también mataron a la novia de Medina, Justina Pérez Castelli. "Fue empleado de Medina, pero no socio", aclararon los parientes de Tobo a los pesquisas que trabajan en la causa.

Medina fue un hombre imposible de definir con una sola palabra. Vivió en conflicto con la ley penal, luego se reconvirtió en empresario y fue sindicado por las fuerzas de seguridad como un vendedor de drogas a alta escala.

En febrero de 2013, cuando el arduo debate entre vecinos y autoridades llevaron al cierre del boliche Esperanto que había abierto sus puertas el 11 de agosto de 2012 habilitado por la Municipalidad, el periodista Carlos Del Frade denunció a Luis Medina como "el inversionista" de ese emprendimiento. Y mencionó a Tobo: "Junto a Germán Tobo y utilizando como testaferro a Hernán Capucci, Medina adquirió la franquicia para instalar en la ciudad de Rosario un local bailable, restaurante y hotel de nombre Esperanto, ubicado en Presidente Roca 1463". Y agregó que los datos se basaban en una investigación del juez federal Sergio Torres en la que aparecerían referencias a la actividad criminal de Medina.

Tras dejar su trabajo con Medina, el último año Tobo lo encaró por su cuenta junto a un nuevo socio en el oficio que heredó de su padre: la compraventa de autos usados. Así, con Martín Carlos G., de 37 años, comenzaron a trabajar tomando como base de operaciones el minimarket de una estación de servicios ubicada en Uriburu y Vuelta de Obligado.

En siete meses la dupla hizo la suficiente diferencia de dinero para alquilar el galpón de Ovidio Lagos 5175 donde lo fueron a buscar para matarlo. El negocio no tiene ninguna identificación que indicara que allí funcionaba una concesionaria en la cual había 29 autos caros y de alta gama. "Ahí adentro no hay cachibaches, hay vehículos de más de 300 mil pesos", describió una fuente consultada.

Anoche, algunos allegados a la víctima sugerían que para montar el negocio Tobo había accedido a un préstamo de dinero que nunca devolvió y que le terminó costando la vida. Esa plata le habría sido facilitada por un empresario que estuvo ligado al rubro gastronómico y que está preso desde julio de 2013 por su participación en el envío de un cargamento de droga a Europa. "El tipo se la reclamó más de una vez y cuando vio que no se la iba a devolver ajustó las cuentas", aseguró una fuente.

Sorpresa. El lunes a las 21.47 Tobo, su socio y un empleado de la concesionaria ya habían cerrado el portón del galpón y charlaban sobre la vereda. Uno de ellos hablaba por celular mientras el empleado se aprestaba a subirse a una moto. El Volkswagen Bora gris que solía utilizar Tobo estaba estacionado sobre el césped. A unos pocos metros estaba la camioneta roja de su socio.

Pero sin que ellos se percataran, un viejo Renault 12 rojo pasó a marcha lenta por avenida Ovidio Lagos y dobló por el pasaje Savio hacia el este. El auto hizo una cuadra y en el cruce con Casaccia sus ocupantes lo dejaron estacionado. A pie regresaron hacia donde estaba Tobo. Llevaban las cabezas tapadas con las capuchas de los buzos que vestían. Y al acercarse al trío de comerciantes, los maleantes corrieron hacia ellos.

Tobo estaba de espaldas y su socio pensó que los iban a asaltar. Sin embargo, cuando los delincuentes estuvieron a unos tres metros comenzaron a gatillar sus pistolas calibre 9 milímetros teniendo como único objetivo a Tobo. No dijeron ni una palabra. Todo pasó en un parpadear de ojos.

La víctima recibió plomo en la espalda y las piernas. Cayó de bruces bajo dos pinos y fue rematado en el piso ante el espanto de su socio y su empleado. Acto seguido, los asesinos desaparecieron de la escena. A las 21.48 el crimen se había concretado y empezaba una investigación que seguramente será difícil de desentramar pero que no pone en dudas que fue un hecho de tintes mafiosos en el cual el mundo de la plata sucia parece haber dejado su rastro.

Investigarán auto por auto

El fiscal Adrián Cimino ordenó el allanamiento de la concesionaria de Germán Gonzalo Tobo y secuestró dos notebooks: una de uso particular y la otra de la firma. También incautó varias carpetas con documentación comercial y folletería de Lume, la firma que era de Luis Medina y en la que trabajó Tobo. “Habrá que valorar el contenido de esas carpetas antes de emitir un juicio”, explicó una fuente de la pesquisa. Con la luz del día de ayer, el fiscal ordenó otro allanamiento en el local en el que estuvieron los peritos de Sustracción de Automotores de la policía rosarina para constatar el origen de los 29 vehículos depositados en el lugar y su respectiva documentación.

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