Martes 15 de Diciembre de 2015
Escuchando la radio comienza a sonar una canción de León Gieco: El Ángel de la Bicicleta, una bella obra nacida de tiempos oscuros en nuestra Nación; en uno de sus párrafos dice "con qué libro se educó esta bestia?" El tiempo pasa y tal parece que no aprendemos, ¿no aprendemos o no nos educan correctamente? El cuestionamiento viene a mí porque pienso ¿acaso existen libros que enseñen el mal, o que nos enseñen a ser manipuladores? ¿O existen falsos profetas infectados de odio en sus dichos, que por su sed de populismo embrutecen mentes a cambio de un poco de dinero y/o poder? Y me viene a la mente un título místico de Discépolo que parece negarse a envejecer "La Biblia y El Calefón". Más allá de esta hermosa metáfora junto a la letra de León (porque el calefón siempre cae del lado de los políticos), qué hace que no podamos poner metafóricamente la Biblia al poder? Hoy vemos dos casos claramente diferenciados. En escuelas de los arrabales porteños de Flores se educó uno de los líderes mundiales más influyentes de los últimos 50 años: Jorge Bergoglio, el Papa Francisco. ¡Qué mensaje brinda al mundo este jesuita! ¿Cómo no quererlo? Si le da la mano a quienes lo trataron de asesino, cómo no querer a este tanguero hijo de clase obrera que promulga humildad y amor, con el mensaje de que para ser una persona importante, influyente y respetada no hace falta tener una cupé alemana ni hoteles en la Patagonia. Sin bombos ni platillos, a paso corto pero firme salió de Buenos Aires con un viejo portafolios, zapatos gastados por andar, luego de los hechos conocidos, se reunió y rezó con los árabes y hebreos en uno de los lugares más peligrosos del mundo. Agacha su cabeza para rezar pero con la frente muy alta se reúne también con el régimen castrista en pro de la libertad de Cuba, acto seguido migra a los Estados Unidos para hermanar, porque los que aman la justicia de los pueblos saben dejar de lado sus egos; y por otro lado, otro caso: salida también de nuestras escuelas, nuestra ex presidente, señora abanderada de la mentira que cree ser la dueña de los derechos humanos (pero cuando las papas quemaban de verdad no presentó una cautelar). Tal como hizo de la mentira, un culto, poniendo excusas y falacias, dice ser la defensora de los pobres mientras lleva puestos encima miles de dólares y habla de democracia mientras le falta el respeto a la misma. Esta señora se forra en caras vestiduras con dinero mal avenido, mientras que Jorge (el pibe de Flores hoy consagrado Papa) paga por sus propios anteojos. ¿O alguien imagina a Jorge con un Cartier?, seguro que no. El que profesa humildad no encuentra valor en las banalidades.
Eduardo Di Nunzio / DNI 18.215.312