Martes 05 de Mayo de 2015
En la medida que se profundiza, en los discursos de los políticos sobre la educación, la sorpresa, perplejidad y sobresaltos rompen todos los esquemas. La decepción no puede ser mayor, al constatar la ignorancia de algunos y la falta de honestidad de otros. Es evidente que para conocer a fondo la problemática educativa hay que bajar al llano, al día a día de las escuelas y ver qué se hace y cómo se hace, recoger el quehacer de las aulas, contar con el docente y los directivos, los asistentes escolares, las cooperadoras y las familias.
La propuesta de atar salarios a evaluación por "capacitación" y/o desempeño, no es nueva ni original. Forma parte de los diseños de las llamadas Reformas Educativas neoliberales que desde los 90 se vinieron promoviendo en nuestro país y en el mundo a partir de iniciativas del Banco Mundial.
Estas formas de regular la formación y el trabajo docente presentan modelos que discursivamente proponen la autonomía del docente como profesional y la autorregulación, pero que condicionan dicha autonomía a través de medidas basadas en la lógica del mercado: redefinición de la carrera docente a partir de la flexibilización de las relaciones laborales, salario basado en el mérito, premio al desempeño, incentivos para atraer a "los mejores" a la profesión, evaluación basada en "reglas objetivas", mecanismos de acreditación y definición de estándares a nivel nacional e internacional. La idea que subyace es que el docente debe hacerse a sí mismo en un "mercado profesional", las reglas de funcionamiento están definidas por el Estado. En el mercado, el docente debe ofrecer su fuerza de trabajo a cambio de un salario que esté en función de su "productividad", y como profesional se ve obligado a capacitarse y obtener titulaciones para cumplir con los requisitos que le permitan permanecer en el mercado y ascender en su carrera laboral y profesional, "desempeño y meritocracia" a partir de acreditar cursos. De este modo se busca romper el escalafón del Estatuto del Docente que establece igual remuneración para el mismo trabajo generando formas de competencia entre docentes y escuelas.
Para ganar adeptos y hacerla atractiva, los que proponen el proyecto, utilizan un lenguaje-trampa. Se trata de vender a la comunidad educativa la idea de que a más capacitación mejor calidad educativa y mejores sueldos para los docentes. Si realmente se pretendiera con estas propuestas mejorar, que no es el caso, la calidad educativa de todo el alumnado, no se hubiera optado por la competitividad y el mérito, sino por generar políticas de capacitación que supongan recuperar las prácticas escolares, la creatividad docente, así como el acceso al desarrollo del conocimiento en cada disciplina. Esto supone, no reducir la formación a cursos, sino combinarlo con talleres, reflexiones, intercambios interescolares, jornadas de encuentros.
La escuela de todos y para todos, por ser la escuela de la diversidad, la igualdad de oportunidades y la inclusión no puede caer en la trampa de tirar de la misma cuerda para distintos lados. La escuela de todos y para todos no puede bajo ningún concepto, después de admitir a todos, elegir a los mejores y dejar a su suerte a los más vulnerables. La escuela de todos y para todos no puede caer en la trampa de los que proponen " medir la calidad educativa… haciéndolos ingresar a una carrera donde terminen cobrando por mérito" .
Es por ello que nos encontramos con propuestas y medidas que, de llevarse a cabo, convertirán a la educación en no inclusiva, segregadora, competitiva, mercantilista, y sobre todo injusta al imponer el rendimiento académico como parámetro de la calidad educativa. Medidas que incidirán en la pulverización de la educación pública al atacar frontalmente la participación democrática y los fines de la educación básica y obligatoria.
Es interesante también los ejemplos sobre los que algunos intentan validar sus propuestas educativas. Shanghai parece la meca de muchos, sin embargo en un interesante articulo José Álvarez Díaz ("Shanghái: luces y sombras del sistema educativo más brillante en informe PISA") señala que "los estudiantes chinos se ven obligados a esmerarse en ser muy buenos en el cálculo y en la memorización de contenidos, pero no se les enseña a expresarse, comunicar sus ideas o razonar en equipo. La verdadera "víctima" de este encarnizamiento es la calidad de la enseñanza, pues se tiende a primar el cálculo y la memorización sobre la creatividad, el análisis y la capacidad de expresión".
Respecto a los docentes , Jiang Xueqin agrega que, (en Sobornos y trampas, la otra cara del éxito educativo en Shanghái) "conscientes de esto deciden el futuro de su escuela y por lo tanto de su empleo, descuidan las otras materias. La historia, la literatura, la geografía, las ciencias, el arte, las lenguas extranjeras y la educación cívica son relegadas al rango de materias secundarias". En cuanto a la evaluación de los docentes según los resultados de los alumnos, señala: "es absurdo, los resultados dependen de lo que sucede en clase, pero también de factores externos tales como los recursos, la motivación de los alumnos o el apoyo que aporten los padres. Sin embargo, sólo se considera "responsables" a los docentes."
Finlandia, que es el país que mejores resultados en materia de educación global ha obtenido, no aplica sistema de incentivos salariales por capacitación. En cambio promueve debates anuales de las instituciones escolares para que docentes y directivos "evalúen la consecución de los objetivos del año anterior y analicen los objetivos de los profesores y las necesidades para el siguiente año". La profesión docente tiene un amplio prestigio social y las escuelas muestran un clima de trabajo distendido donde lejos de promoverse la competencia entre docentes se estimula la búsqueda de la felicidad de los niños. El número de alumnos por aula ronda los 20 y la formación continua es parte de la tarea docente.
Una verdadera propuesta para diseñar la Formación Docente Continua debería partir de realizar un verdadero diagnóstico de lo existente y promover espacios de reflexión entre las diferentes instancias del sistema educativo, docentes, directivos, formadores de docentes, gremios a fin de ver sus limitaciones y los cambios necesarios.
Una propuesta sensata por parte de los políticos debería empezar por un análisis profundo de todo el sistema educativo, respetando lo que se hizo bien, señalando los errores y pensando en un "pacto" educativo, que preserve un proyecto a largo plazo y no que sufra los vaivenes políticos que generan los cambios de gobierno. Porque en realidad "la educación es un asunto demasiado serio como para dejarlo exclusivamente en manos de los políticos".