Miércoles 28 de Marzo de 2012
El docente llega a su casa con trabajos de los alumnos. Se sienta a corregir. Anota en una hoja los errores más frecuentes. Imagina la clase que tendrá pronto con ellos para explicarles los errores y resaltar los aciertos. Programa actividades que puedan favorecer al aprendizaje de aquellos que presentan más dificultades. Se entusiasma con proyectos que podría realizar con los que están más avanzados. Reflexiona. Se compromete con lo que pasará en el resto del año. Luego diseñará las evaluaciones con las que corroborará los aciertos. En qué horario hará estas actividades y otras del mismo tipo es un misterio que a nadie le interesa develar. Un docente que trabaja en el aula más de veinte horas semanales difícilmente pueda contribuir con su esfuerzo a una educación de calidad. El tiempo no le alcanza. En el caso de los profesores la situación empeora porque para alcanzar un ingreso razonable, algunos tienen que trabajar hasta en 10 cursos o más, trasladándose de una escuela a otra. A esto se suma la cantidad de docentes que como no pueden cumplir con la cantidad de horas que tienen, se la pasan pidiendo licencia y el Estado debe pagar a reemplazantes para que los cubran. La educación de calidad es un lujo, que cuando el Estado no quiere pagar terminan pagando los docentes que a pesar de todo, no faltan nunca.
Susana Sarmiento, DNI. 13.449.495