Domingo 22 de Noviembre de 2015
"Las condiciones de vida en el Irar (Instituto de Rehabilitación del Adolescente Rosario) siguen estando por debajo del infierno, pensar que alguien puede recuperarse de algo ahí, es delirante". Sin dejar dudas, Juan Pablo Hudson critica fuertemente el sistema penal juvenil santafesino, el incremento de los encarcelamientos de menores, el accionar de la Justicia, y que el 90 por ciento de las más de 350 causas presentadas vinculadas a tormentos policiales no tuvieron movimiento.
El investigador del Conicet, que esta semana participó del seminario "Ciudad, territorios y violencias" de la Defensoría del Pueblo, también apunta a las políticas implementadas desde el Estado para contener el "estallido de los barrios".
"Las ofertas son siempre las mismas para jóvenes pobres: talleres de herrería, carpintería, electricidad. Habrá que innovar y pensar un poco más, porque estos chicos así como son tan agresivos, también cargan niveles de creatividad maravillosos y experiencias vitales", considera y opina que es necesario poder leer la complejidad de los nuevos jóvenes: "Una subjetividad donde cambian de roles todo el tiempo, con vidas vertiginosas donde un rato el pibe es soldadito de un búnker, otro rato vendedor ambulante, a la mañana alumno, otro tiempo vaguea en la esquina y a la tarde colabora en una organización comunitaria. Esa es la complejidad que hay que abordar".
Autor de "Las Partes Vitales", un libro donde reúne experiencias con jóvenes de barrios de la periferia rosarina, y conocedor de las instituciones de alojamiento de los menores en conflicto con la ley penal que relevó como investigador, Hudson habla de que las condiciones en esos espacios siguen siendo " lamentables y espantosas", pero además critica el hecho de que "abunden cada vez más las detenciones de menores y que los dirigentes de Santa Fe, y también los de Buenos Aires y Córdoba, hablen de esto como un logro cuando no sirve absolutamente para nada, más que para aumentar los niveles de furia y resentimiento de estos pibes".
Paralelamente, habla del incremento de la represión en los barrios desde la llegada de las fuerzas federales en 2014, que apenas redujo en un 5 por ciento los homicidios reales que se produjeron en Rosario. Y en ese marco, plantea seriamente los apremios ilegales de los que son víctimas los jóvenes de los barrios periféricos.
"Relevamos entre mayo de 2012 y febrero de 2013 más de 350 causas en los juzgados criminales de la provincia, el 92 por ciento de los expedientes no tuvo un solo movimiento y como fueron presentadas, quedaron. Y sólo hay un procesado", detalla y advierte que "como el volumen de asesinatos en la ciudad y la provincia responde más a conflictos interpersonales y horizontales, eso requiere no de mayor presencia policial sino de políticas sociales y culturales a largo plazo, requiere de otro tratamiento, no punitivista, y que los dirigentes no pretendan sacarse la foto del proyecto antes de que empiece a funcionar, como viene pasando con el Plan Abre".
Territorios. Para Hudson, se produjo en los últimos años "una reconfiguración de los territorios que hizo que las viejas cartografías de la ciudad y del interior de los barrios populares, se modifiquen", y explica que "hace tiempo que los barrios estallaron, se quebraron al compás de las nuevas conflictividades sociales, y hace que hoy el barrio para un pibe de Ludueña sea apenas una manzana, porque salir de ese territorio significa cruzar un puente, una plaza o una avenida que lo ponga en riesgo, y el riesgo es perder la vida".
El narcotráfico, pero también los enfrentamientos interpersonales: una mirada, una vieja rencilla o un problemas de polleras, ponen en jaque a la periferia, "donde la violencia es letal casi siempre", opina el investigador, y aclara que "esas fronteras van variando y cambian al calor de los nuevos conflictos".
Los varones son claramente los protagonistas de la mayoría de estas historias. "Entre el 75 y el 85 por ciento de los asesinatos dolosos de las grandes ciudades de la Argentina corresponden a varones menores de 35 años", afirma Hudson en base a estadísticas oficiales, y explica: "Hay un cuerpo en estos jóvenes menores de 35 años que es el síntoma más trágico de esta sociedad. Hay que poder admitir que así como estos pibes son víctimas del poder en sentido amplio, también son ejecutores de violencia. Nos cuesta admitirlo, pero esos cuerpos cargan niveles de agresividad altísimos. Y las mujeres también son otro cuerpo sobre los cuales la sociedad descarga toda su furia, aunque en términos porcentuales es más bajo que en el caso de los varones".
Promesa
Cuando estuvo al frente de la Gobernación, Hermes Binner había prometido cerrar el Irar. La promesa nunca se concretó.