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Duendes luchó hasta el final pero el Nacional de Clubes quedó en manos de CUBA

Duendes se destacó por llegar nuevamente a una final, pero se mancó en el duelo decisivo y el título fue para los de Villa de Mayo, por un ajustado 21-20 tras partido parejo.

Domingo 04 de Mayo de 2014

Fueron siete semanas de intensa competencia en la que estuvieron involucrados los mejores equipos del país. Y de los dieciséis participantes, CUBA fue el mejor, un merecido ganador que dejó en el camino a rivales de fuste y desató una fiesta incontenible en Villa de Mayo. Y lo hizo dejando en el camino por 21-20 a Duendes, el hasta ayer defensor del título, en una final por demás de apretada. Lo hecho por el equipo rosarino, que a lo largo del torneo no pudo repetir dos veces la misma formación, es digno de destacar, partiendo de la base de que no es moneda corriente arribar a la final de un torneo tan duro como lo es el Nacional de Clubes. Pero el verdinegro lo hizo y lo consiguió con una enorme fe en sus fuerzas, aferrándose a sus armas y desplegando en todas las canchas un rugby de alto vuelo.

De arranque ya era considerado como un serio aspirante al título, cosa que ratificó fecha tras fecha. A sabiendas de que cada partido era una final, donde el mínimo error se paga caro y muchas veces puede determinar el lugar donde queda parado un equipo en la delgada línea de la victoria o el fracaso (como ocurrió ayer) , Duendes se aferró a su libreto y ofreció su repertorio de acuerdo a los intérpretes que tuvo en cancha. El debut con victoria en el barrio Las Delicias ante Santiago Lawn Tennis tuvo un sabor agridulce. Por un lado el equipo había ganado con bonus, pero hubo cierta disconformidad con el rendimiento. Se sentían en deuda con el juego y con ellos mismos, algo que saldaron en la siguiente fecha, ante SIC. No obstante, el triunfo ante Lawn Tennis cobró otra dimensión semanas después, cuando los santiagueños derrotaron al Jockey cordobés y también despacharon al SIC.

Precisamente ante el elenco de San Isidro, en la Zanja, Duendes dio una lección de rugby obteniendo una victoria tan clara como contundente. Desde allí se sucedieron los triunfos que desembocaron en la clasificación a las semifinales dos fechas antes de que termine la etapa clasificatoria. Para evitar más dolores de cabeza en cuanto a los lesionados, en la última fecha ante el Jockey cordobés jugó con un equipo con mayoría de suplentes y regaló el invicto, que hasta allí era el único equipo que lo ostentaba.

La semifinal ante Hindú fue un partido intenso y dramático, donde el oficio y el trabajo colectivo fueron determinantes en el pase a la merecida final. La definición de ayer ante CUBA tuvo el mismo tinte, sólo que la fortuna le hizo un guiño al equipo de Villa de Mayo.

El objetivo del verdinegro era llegar a la final y lo consiguió. Para ello tuvo que sortear un sinfín de obstáculos, sobre todo por las lesiones y las convocatorias que fueron diezmando el equipo, pero más allá de eso, esto no le sirvió de excusa como para cambiar sus argumentos. Siempre privilegió el juego por sobre todas las cosas, más allá de que hubo encuentros donde jugó mejor que en otros, pero nunca traicionó su estilo.

Arribar a una final no es fácil y Duendes lo hizo. Allí lo esperaba CUBA, el campeón de la Urba que no lo perdonó y poco le importó si el verdinegro jugaba completo o sufría mal de ausencias. Perdió, pero aún así tiene motivos para festejar. El magro resultado no debe alejarlo del camino elegido. Después de todo, lo recorrido (que es lo más importante) le da la absoluta derecha a un trabajo muy sólido.

Dejando el resultado de lado, Duendes demostró que tiene esa esencia de pelear siempre arriba, de sobreponerse a los inconvenientes y hacer que los sentimientos y el amor propio tengan peso dentro de la cancha. Ayer, por poco, no se le dio, pero eso no empaña un nombre y un estilo de juego reconocido en todo el país. En Duendes no existen los pretextos, y en este caso tampoco los reproches.

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