Sábado 05 de Junio de 2010
En verdad, duele mucho lo sucedido en General Villegas. Duele y preocupa, porque si bien en algunos aspectos nos parecía que se estaba avanzando en las relaciones varones-mujeres, lo acontecido en aquella población desmiente las expectativas optimistas. Duele porque se sigue concibiendo las relaciones sexuales como un acercamiento desparejo en el cual una parte de los protagonistas usufructúa el acto, mientras la otra parte se mancilla. Duele porque se constata que, por el contrario, se continúa considerando esa relación como una sesión de pugilato en la cual tiene que haber un ganador y un perdedor. Duele porque la población de General Villegas salió a respaldar el accionar incalificable de quienes no sólo se aprovecharon de aquella a quienes consideran una "liviana", sino que dejaron documentada su propia "hombría". Duele porque tanto los protagonistas como el resto de la población que salió a reivindicarlos siguen pensando que en una relación sexual degradada solamente la "liviana" es impura mientras que, estamos convencidas, en esa relación no queda nadie impoluto. Ya lo dijo hace bastante tiempo Sor Juana: "Hombres necios que acusáis a la mujer sin razón, sin ver que sois la ocasión de lo mismo que culpáis…". Pero pareciera que ni los tres varones ni la población que reivindica su accionar jamás pensaron que en una relación degradada ambas partes están inmersas en un vínculo prostituido. Si no hubiera demanda, no habría prostitución. Sin embargo, lo que más duele es la pretensión de la población que salió a las calles para defender lo indefendible, población que todos los días puede interactuar con esos "campeones" del sexo, y puede continuar defendiendo su accionar. Duele porque estamos muy lejos aún de una sociedad que merezca considerarse a sí misma como humana.
Hilda Habichayn, LC 2.410914