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Dramático testimonio de uno de los jóvenes que iba en el auto

Vio cómo sus dos amigos murieron en el acto. Ayer declaró como testigo. "Cuando le dijimos por tercera vez que frenara, ya era tarde".  

Martes 07 de Abril de 2015

"Cuando le dijimos por tercera vez que frenara, ya era tarde". Lucas A. iba como acompañante en el auto Fiat Uno que protagonizó el accidente en el que murieron dos de sus compañeros el año pasado. Ayer, con 19 años y ya egresado del secundario, fue el primer testigo que declaró en el juicio. En su carácter de sobreviviente habló sobre la organización de la fiesta previa al choque, el recorrido que hicieron en el auto por la autopista hasta Rosario (en el que, dijo, sus ocupantes y el conductor bebieron cerveza) y el tramo decisivo del final.

Su testimonio expuso las heridas que generó el accidente dentro del grupo de amigos: tanto él como Lucas B., quien iba sentado detrás del conductor y que declaró después, terminaron distanciados de Federico Gómez (el conductor), a quien dijeron haber intentado contactar sin éxito en los días posteriores a la tragedia.

Los dos relataron que el grupo de amigos había decidido organizar una "buena fiesta" en Funes. Vendieron entradas anticipadas, con pulseritas que incluían cuatro tragos gratis. Había barra libre para los organizadores y además contrataron colectivos de ida y vuelta a Rosario y personal de seguridad. En el caso de Lucas A., ahora estudiante de mecánica de autos, contó que esa noche estuvo colaborando detrás de la barra. Dijo que durante la fiesta lo "vio tomar" a Gómez, a quien le entregó en mano una botella de cerveza.

La fiesta terminó a las 5, la gente se fue en los colectivos y en el lugar quedaron los organizadores. "Nos sentamos en la entrada del salón. No queríamos irnos al toque porque Federico no estaba en condiciones de manejar, estaba alcoholizado. Cuando estábamos sentados quiso sacar algo de la billetera y se le desarmó totalmente, no podía ni juntar las tarjetas", recordó. Dijo que para hacer tiempo se quedaron a comer choripanes y papas fritas y ordenaron el salón.

Cuando el lugar cerraba, otros dos jóvenes se fueron en sus autos, un Peugeot 307 y un Renault Clío. El resto se acercó al Fiat Uno. "Nos pusimos a hablar que no podía manejar Federico. Emiliano y Lucas B. se disponen a manejar porque no habían tomado y tenían registro", contó. Sin embargo manejó Federico. Lucas A. admitió que todos subieron por "decisión propia" y porque estaban acostumbrados a viajar juntos.

El muchacho contó que en el auto había dos botellas de cerveza (al parecer sobraron de la fiesta) y que en el trayecto abrieron una. Que el conductor tomó "dos veces, dos tragos", pese a que él "le sacaba la botella y le decía que no tomara. Eso duró diez o quince cuadras hasta llegar al puente para bajar a la autopista Rosario-Córdoba. Ahí iba a velocidad prudente, pero vi que se pasaba de la bajada, le avisé y volanteó. Quedó el auto medio cruzado", contó.

El impacto. Al tomar la autopista el auto "siguió a una velocidad constate de entre 150 y 160 kilómetros por hora. Llegamos arriba del puente (Che Guevara). El semáforo de Provincias Unidas estaba en verde y sigue acelerando. Le decimos que frene. No frenó. Pasamos un camión de La Serenísima y un auto particular. Cuando le dijimos por tercera vez que frene era demasiado tarde. Había un badén, el auto salta esa rampa, cae, se va para el costado derecho y Federico tira el volantazo. La parte de atrás golpea contra el camión, el auto da un giro sin tumbos y queda de costado".

Entonces bajaron del auto Lucas B., que se cruzó a una estación de servicios porque tenía sangre en el rostro, y el conductor, que llamó por teléfono a su madre. "El decía que la madre lo iba a matar por haber chocado", dijo Lucas A., que en ese momento no pudo abrir la puerta. Cuando logró salir del auto, con sangre bajo la oreja derecha, se encontró con un cuadro horroroso: "Voy a ver a los chicos que no bajaban y veo que Facundo estaba literalmente destrozado. Me largué a llorar, me quede sentado en el cantero del medio", evocó. Faku iba detrás del acompañante. Emiliano sentado en el medio.

"Siempre que salimos salía con Federico o volvía con él —dijo, evitando cruzar miradas con el acusado—. Nunca pensé que íbamos a chocar ni que íbamos a perder a dos amigos. Era común que yo suba al auto de Federico habiendo tomado. Eran imprudencias de esa edad", admitió.

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