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Dos rosarinos quieren llegar hasta Alaska en un Fiat 600

Es un desafío personal que también buscará promover conciencia sobre el medio ambiente.

Sábado 26 de Enero de 2013

Con un Fiat 600 modelo 64, una carga de bolitas arcillosas cargadas de semillas autóctonas para cada lugar, guitarras, cámaras fotográficas y destrezas, Juan Manuel Rizzatti y Santiago Uranga partirán hoy, a las 9.30, desde el Monumento a la Bandera rumbo a las frías tierras de Alaska. El viaje está cargado de sentido: quieren despertar conciencia sobre el medio ambiente y promover la forestación. Claro que, como condición no declarada, también están los sueños de libertad, de conocer gente y culturas, de ver amanecer en horizontes tan diversos como desiertos y montañas y, por sobre todo, hacer realidad los desafíos personales. "Es viajar a suerte y verdad, porque la gente no te conoce y, entonces, lo que uno demuestra es lo que los demás van a recibir", argumentaron

Ambos se asumen como viajeros de travesías donde lo cotidiano se resuelve cada día, con equipajes ligeros y más intuición que mapas. Pero la aventura que hoy comienzan tiene un inspirador. Se trata del biólogo y filósofo japonés Masanobu Fukuoka, quien impulsaba una agricultura natural. De él tomaron la idea de las "bombas de arcillas", unas bolitas de barro de 1,5 centímetros en las que se insertan semillas autóctonas del lugar donde se esparcen. Será la misma naturaleza la encargada del resto, con la primera lluvia que desarmará el envoltorio y hará propicia la germinación.

Para lograr el objetivo, la primera escala será Chaco, donde cargarán semillas de algarrobo blanco y negro, seibas y espina corona, entre otras especies que serán las primeras bombitas arrojadas en el trayecto.

Según Santiago, las bolitas las irán formando a medida que avanzan. Para eso piensan recurrir, en cada región geográfica, a los organismos que les provea semillas autóctonas. Estas acciones quedarán registradas por un GPS (ubicación posicional) para que los pobladores del lugar puedan ir siguiendo el curso de la original siembra. "Queremos despertar amor por la tierra. Así como se la agredió rápido, que se la repare del mismo modo", enfatizaron.

Después de Chaco, el Fitito, con su VLA 019, pondrá proa al paso de Jama (Chile), donde lo espera la soledad del desierto de Atacama. Luego comenzarán a tallar los caminos. Lo único claro es que la meta está en Alaska. "Allí hay una posta internacional de todos los viajeros, llamada La Parada del Caballo Muerto", explicaron.

Un lugar en el mundo. ¿Qué busca un viajero de aventuras? "Además de ver culturas y personas, conocerse a uno mismo, porque termina descubriendo cosas de sí mismo que, de otra forma, no sé si las conocerías", explica Juan Manuel, quien tiene 23 años y comenzó el oficio a los 16, pero con algo de dinero en la billetera.

Ahora el desafío es viajar y vivir, haciendo actividades casi de nómades que no requieran quedar atado a un lugar por mucho tiempo. Música, malabarismo y artesanías serán por su parte los recursos. Santiago es fotógrafo y, por ejemplo, qué surfista se resistiría a una toma profesional de sus acrobacias. Así, piensan ir generando los recursos, aunque también les gustaría recibir el apoyo de auspicios, tanto para el Fitito como para ellos y la operación Fukuoka que piensan concretar.

A favor de su estrategia, Juan Manuel asegura que en su última travesía sobrevivió siete meses con la guitarra tocando en colectivos, pero sobre todo en coloridos mercados con gente dispuesta a compartir: "Cantábamos, revolucionábamos todo el lugar y nos pagaban con bolsones de frutas y verduras como para una semana".

De compartir también se trata a la hora de buscar dónde dormir. "Es una alegría que se siente mucho: levantarte, encontrar un desayuno gigante y diez personas riendo es espíritu comunitario que hace bien", aseguró.

Ahora, desde el Monumento, a la Bandera, comenzarán el viaje rodeados de amigos y aliento, porque la marcha será larga y la emoción promete.

Preguntas y respuestas

El viaje en el Fiat 600, modelo próximo a cumplir 50 años, tiene su génesis. Santiago Uranga quería cruzar a Uruguay y consultó. La respuesta fue, al mismo tiempo, una interrogación. “Con ese auto podés ir hasta Alaska si querés”, le dijeron. Y él se planteó: “¿Por qué no?”. La suerte estaba echada y ahora sólo falta que el entrañable Fitito esté a la altura de las circunstancias. Se puede contactar al dúo en facebook.com/argentinaalaska.

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