Dos pontífices obligados a actuar con severidad

Jueves 11 de Julio de 2013

Los escándalos de pederastía, que tanto daño han provocado a la Iglesia, obligaron al anterior Papa Benedicto XVI y al actual Papa Francisco a endurecer las penas contra los religiosos abusadores y a dar señales contundentes frente a la sociedad.

Francisco pidió en abril "actuar con determinación" contra los abusos sexuales cometidos por miembros del clero, en una entrevista con el prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, Gerhard Ludwig Muller, encargada de ese asunto.

Francisco entonces declaró que en su "atención" y en su "rezo" cotidiano por aquellos que sufren, "las víctimas de abusos están presentes de modo particular", en lo que constituyó su primera manifestación pública y directa sobre los abusos sufridos durante décadas por decenas de miles de niños.

En febrero de este año, la Congregación para la Doctrina de la Fe informó de que en los últimos tres años habían llegado al Vaticano 1.800 denuncias de casos de abusos sexuales a menores por parte de clérigos, la mayoría ocurridos entre 1965 y 1985.

El mayor número de denuncias se produjo en el año 2004, cuando llegaron 800 al dicasterio vaticano.

En 2010, por orden de Benedicto XVI, se actualizó el documento vaticano "De Delicta Graviora" de 2001 sobre los delitos más graves contra la moral y los sacramentos, dentro de la línea de "tolerancia cero" que impuso el actual Papa emérito.

Con esa actualización, se dio una vuelta de tuerca en la lucha contra los curas pederastas, aprobando normas entre las que destaca la ampliación de 10 a 20 años del tiempo para denunciar los abusos y la introducción del delito de adquisición, posesión y difusión de pornografía infantil.