Edición Impresa

Dos nuevos robos virtuales sacudieron la mañana de ayer

Uno se registró en el centro y deparó un botín de 30 mil pesos para los estafadores. El otro fue en el macrocentro y en ese caso la ganancia para los delincuentes rondó los 800 dólares.

Domingo 22 de Junio de 2014

Dos nuevos secuestros virtuales se produjeron la mañana de ayer. Uno se registró en el centro y deparó un botín de 30 mil pesos para los estafadores. El otro fue en el macrocentro y en ese caso la ganancia para los delincuentes rondó los 800 dólares. En ambos episodios los engañados fueron adultos mayores contactados en horas inesperadas.

   Laura Elena V., de 69 años y domiciliada en San Lorenzo al 700, recibió una llamada a su teléfono fijo a las 6.30 de ayer. Un hombre le indicó por medio de una artimaña que le diera su número de celular y, de esa manera, la dejó incomunicada. Durante unos diez minutos el mismo hombre le dijo que tenían secuestrada a su hija Inés, y que si la quería ver con vida nuevamente juntara todo el dinero que tenía. Desesperada y en estado de pánico, Laura fue hasta un mueble , sacó 30 mil pesos y, como le pidieron los embaucadores, los colocó en una bolsa que tiró por el balcón.

   Casi al momento, y según lo declarado en la seccional 3ª, un auto gris que estaba estacionado en las inmediaciones y que sería de una marca japonesa, se acercó hacia donde cayó la bolsa, y uno de sus ocupantes la recogió y huyó por San Lorenzo. Minutos después la mujer se comunicó con su hija, que estaba sana y salva en su casa y no había sufrido secuestro alguno.

¿El mismo auto? El otro hecho fue en Ituzaingó al 900, en una casa de planta alta. La víctima fue Alfredo M., de 73 años, al que a las 5 de ayer le comunicaron por teléfono que su hija Natalia había sido secuestrada y que para liberarla debía entregarles una cierta cantidad de dinero.

   La metodología fue la misma, lo incomunicaron con otros números y le sacaron la información de cuánto dinero disponía. Entonces le ordenaron que dejara 800 dólares en un sobre, que bajara y lo dejara junto a un árbol, a metros de la puerta de su casa. Al volver a la vivienda, Alfredo se asomó al balcón y vio un auto color gris, que identificó como un Smart, cuyos ocupantes se aproximaron al árbol, recogieron el dinero y escaparon por Ituzaingó. Luego el hombre se comunicó con su hija, quien estaba en perfecto estado durmiendo en su casa.

   Estos últimos hechos se produjeron dos días después de que Alba, una vecina de Buenos Aires al 1700, frente a la plaza López, sufriera un engaño idéntico cuando la llamaron por teléfono y le dijeron tener retenido a su hijo, por lo que tiró una bolsa con dinero y joyas por el balcón.

¿Te gustó la nota?

Dejanos tu comentario