Miércoles 14 de Octubre de 2009
Un ladrón solitario que portaba un arma de fuego y una picana eléctrica irrumpió ayer a la tarde en un centro médico del barrio de Pichincha y desvalijó a unos veinte pacientes, a los que aterrorizó después de mantenerlos cautivos durante casi dos horas. Antes de marcharse, el maleante engrosó el botín con el efectivo del centro asistencial.
Una fuente policial confirmó que todo se inició cerca de las 17.15 de ayer. A esa hora, unas veinte personas esperaban la atención en la fundación Tendrel, un centro de terapia alternativa situado en Rodríguez 459. En ese momento, un hombre "morocho" —de entre 35 y 40 años— vestido con ropa oscura y que tenía un bolso deportivo entró al centro exhibiendo una pistola y una picana eléctrica.
"Esto es un asalto", anunció el ladrón. Sin que nadie pudiera ofrecer resistencia, comenzó a controlar uno a uno a todos los pacientes. Con el arma apuntando los que esperaban turno quedaron paralizados a merced del intruso, que les quitó los teléfonos celulares y el efectivo que tenían en los bolsillos.
En ese momento, una paciente —que prefirió reservar su identidad— sintió que el caño del arma del asaltante rozó su espalda. "Quedate quieta", le ordenó. "Nos llevó por los consultorios con una actitud agresiva y finalmente nos dejó encerrados", explicó la mujer.
El atraco se hacía interminable para las víctimas y la tensión iba en aumento. Cerca de las 18.50, casi dos horas después, arribó uno de los titulares del centro. "Este hombre le dijo al ladrón: «¿vos querés plata?, yo te la doy»". El delincuente pareció irritarse. "Vos no me vas a decir a mí lo que tengo que hacer", desafió el asaltante.
Enseguida, el responsable le indicó al inesperado visitante dónde estaba el dinero del instituto médico y entonces el malhechor recogió unos tres mil pesos y una computadora portátil. Mientras esto ocurría, la directora del centro, Gloria P., de 57 años, estaba inmóvil encerrada en los fondos de la fundación. El ladrón le había atado las manos con precintos plásticos.
Finalmente, el intruso decidió marcharse y una paciente —que consiguió mantener su teléfono celular— se contactó con el 911. Una patrulla de la Brigada Motorizada acudió al lugar, pero ya el maleante había desaparecido.