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Dos horas de funk, más baile y testosterona

El grupo liderado por Dante Spinetta y Emmanuel Horvilleur presentó "Chances" y sus clásicos ante unas dos mil personas.

Lunes 29 de Julio de 2013

Apenas pasadas las 22.30 del sábado, y después del show de apertura del combo local de hip hop Purple House, los Illya Kuryaki aparecieron en el escenario de Club Brown para presentar su nuevo disco, "Chances". La expectativa que había generado la visita era enorme, quizás por eso Dante Spinetta y Emmanuel Horvilleur tiraron toda la carne al asador de entrada.

Apenas pisaron el escenario arrancaron con "Chaco" y luego le pegaron los hits "Ula ula", "Jaguar house" y "Jugo".

El arranque fue demoledor, pura contundencia rítmica y bailable, con una banda de apoyo que mostró dientes afilados, empezando por el trío de base integrado por el batero riojano Pablo González, parte del fenomenal grupo cordobés Sur Oculto, y los uruguayos Francisco Fattoruso en bajo y Matías Rada en guitarra.

La conformación del público ameritaba un estudio sociológico. Junto al escenario, haciendo pogo, al revés de lo que suele ocurrir, no estaban los más jóvenes sino aquellos _con pelos de menos y kilos de más_ que los escucharon en vivo a finales de los 90. Un poco más atrás, sus hermanos menores, una generación entera que conoció a los Kuryaki sólo a través de los discos y que nunca había asistido a un recital. Y al fondo, un grupo cuyo hábitat natural está en las discotecas y no en los recitales, que bailaba en los temas nuevos y manifestaba confusión en piezas más surrealistas como "Chaco".

La lista de temas bien puede leerse como un manual cronológico de música negra: entre el sonido más orgánico de "Jugo" y su homenaje a Isaac Hayes, pasando por el minimalismo bailable de Cameo en "Funky futurista" hasta llegar a la relectura del Prince modelo 1982 en "Adelante", los Kuryaki recorren 40 años de funk y lo hacen con soltura y conocimiento de causa. Además, qué banda no quisiera tener un guitarrista líder como Dante Spinetta.

Es cierto que al escuchar esta versión 2013 de los Kuryaki no parecen haber transcurrido diez años desde su separación, pero esto en sí mismo no es algo positivo.

Cuando el dúo Spinetta-Horvilleur canta en la nueva "Yacaré" que brindarán "con tereré y ninfas paraguayas", es inevitable preguntarse por cuánto tiempo más los Kuryaki seguirán escribiendo ese tipo de letras o proyectando imágenes de mujeres bañadas en leche.

Sobre todo porque allá por 1991 habían demostrado una imaginación explosiva en las letras de canciones como "Uritorco" o "Mi chevy y mis franciscanas", incluidas en el álbum "Horno para calentar los mares" (1993), del que apenas incluyeron una mención a su único hit, "No way José".

No se discute que los Kuryaki suenan como una aplanadora ni que son imbatibles al poner a bailar a dos mil personas.

Pero el recital del sábado dejó la sensación de que con semejante despliegue (la banda también incluía teclados y percusión) bien podrían aventurarse hacia lugares musicales y poéticos en los que no todo sea baile, testosterona y menciones a la anatomía sinuosa de Jennifer Lopez.

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