Domingo 02 de Octubre de 2011
El Gallego no suele aparecer los sábados. El sábado que pasó sí, vino. Apareció hecho una furia. No suele aparecer porque maneja varios kioscos en la zona céntrica. El sábado por la mañana circulan más de 25 mil cuerpitos gentiles por la Peatonal. De los kiosquitos del Gallego sale el 5 por ciento de las ventas al menudeo. Quiero decir, el 5 por ciento de los que circulan pueden comprar. Una nada. El Gallego no es La Favorita. Unos tres dólares por venta a unos, pongamos, 1.200 compradores, hacen una buena suma sabatina. Un mínimo de 3.500 dólares por sábado. No es para despreciar. Mirá si puede, uno, distraerse en una picada con los amigos. Je. El Gallego, que siempre entra tranquilo, entró hecho una furia y dijo: Está estudiado, el máximo es dos cuadras y media.
En esta reunión el que llega saluda, dijo el Lalo, que cuando no es el centro de la atención tira el bochín a los yuyos. Los modales no se pierden, mi viejo. El Gallego ni lo miró, pero tomó nota. Buen día a todos. Repitió mirando al cielo: Dos cuadras y media. Será posible. Suspiró, agitó los brazos, meneó la cabeza. Es demasiado.
El Colo, que estaba gastando a cuenta de los gorritos de navidad, los que le habían encargado y los que faltaban encargar, había pedido mas ferné. La botella de ferné es cara, dijo Roberto. Un médico amigo mío sostiene que tomar ferné te come el cerebro para siempre y te arruina el hígado como cinco veces más que la cerveza. Qué cantidad de cerveza, dijo el Tony, que estaba en su segundo porrón. Una botella de ferné ¿cuantos porrones son?, preguntó el Colo. En realidad al Tony le afligía una dispepsia que lo volvía un vikingo a la hora de las reluctancias. El Colo estaba chispeante. Tiró una inatacable: Roberto tomó mucho ferné desde chiquito. Se río solo.
El Lalo se muere de curioso, no aguanta. No hubiese tenido una vida fácil de ser mujer. O sí. Vaya uno a saber. Con esa cara. En fin. Nadie sabe nada de esas cosas. El Lalo no aguantó ¿dos cuadras y media de qué, para qué? Es mucha distancia, reflexionó el Gallego. No lo miró al Lalo. Hay que hacer algo. Es mucha distancia.
Entender al Gallego no es sencillo. Habla en conclusiones, habla en máximas, en dogmas, en apotegmas. Parece un catecismo o un plan de comidas para rebajar de peso. Con el Gallego toda frase es final. Insistió. Hay que creer en las investigaciones y estadísticas. Es mucha distancia. Espacio y tiempo. La distancia es una de las coordenadas de las ventas.
El Cordobés, un adulto mayor, llegó a contrapierna, como siempre. Yo sé mucho de distancia, varón. Tuve una novia agrimensora, era la única mujer en el rubro. Nacida en Salsipuedes hacía honor a la "localidá". No se si me entendés. Salíamos de picnic con un teodolito bajo el brazo, dijo, buscando superar las bromas iniciales con que lo recibían habitualmente. No fue un buen chiste. Por lo menos no gustó. Lo usual en este caso, hubiese sido oponerle otra población, para seguir el doble sentido. Nada. Sé de distancias, insistió, débilmente.
El Gallego tiene debilidad por el Cordobés. Lo ve como un tío mayor, vaya uno a saber las razones. El Cordobés lo puede. A él se dirigió y le dijo: Cordobés, es un estudio yanki, de una consultora ítalo americana. Un relevamiento en 24 países. El Cordobés es vendedor nato. Sonrió, no entendía nada. Dejó la sonrisa puesta y abrió las orejas ¿Sí?
Según un estudio nadie camina más de dos cuadras y media para las compras al menudeo. Si la distancia es mayor eligen otro. Cambian de almacén o de farmacia. Chau mis kiosquitos. Chau todos los negocios. Chau el centro de Rosario. El estudio asegura que nadie camina más de 250 metros para comprar lo que necesita de momento. La compra urgente, pero no de urgencia, tiene límites precisos. Si la distancia es mayor no la camina. Se pierde la fidelidad. El hábito. Mas que enojado parecía preocupado el Gallego.
Disculpáme, dijo el Lalo, que seguía sin entender, las ventas son las ventas y las necesidades son las necesidades. No digás mas nada Lalo, dijo el Tony. Cien por ciento de sabiduría, si te callaras ahora mismo sería perfecto. El Lalo es caprichoso. Si el tipo tiene necesidad va a comprar viejo, va a comprar. Tony volvió al porrón. Alguna vez tendremos que preguntarle al Lalo sobre sus criterios de venta. No fue siempre un abuelo mimoso.
Roberto buscó cuadrar el círculo y avanzó por donde menos se esperaba. Si nos situamos en calle Tucumán, el tipo, para comprar lo que sea, no avanza más allá de calle San Lorenzo. Si nos ubicamos en España no avanza más allá del palacio Minetti. Si venimos de Mendoza no pasa de San Luis y si subimos desde Laprida no llega a San Martín. Está clarita la estafa. A Roberto le brillaron los ojos. Vió la luz. Están vaciando la Peatonal, hay que hacer algo. Quién la está vaciando, preguntó Tony, que venía de fumar afuera. Roberto aclaró todo. Los ítalo yankis están vaciando la Peatonal. Que la vacíen no es nada, el problema es que la compren por nada, acotó Lalo, que me parece que seguía sin entender.
Dos cuadras y media, dijo el Gallego. Es una vergüenza que no acepten el estudio de los yanquis, no tienen idea de lo que pasa en el microcentro de Rosario. Laburan para el enemigo. Se hizo un silencio pesadito pesadito.
Roberto, que de puro nervioso se pone en componedor, entró a sacar cálculos. Seamos realistas, de Urquiza a Mendoza son siete cuadras. De Laprida a Italia son diez cuadras. Es una buena cantidad de hectáreas. El Lalo pareció reaccionar. No pueden enajenar una ciudad destripando siete calles de un lado y diez del otro. Allí están todos los negocios. ¿Para qué querrán vaciarla?
El Cordobés, que venía de balotaje con el ferné, se levantó despacio y mirándolos a todos insistió. Mi novia era agrimensora. Dirigiéndose al Lalo le dijo: Varón, decíle al Gallego que no se aflija, nadie puede comprar por hectáreas lo que se vende por metros, que vuelva y se termine su vaso, que el ferné con gaseosa es caro.
El Colo buscaba alguna salida comercial al asunto de las cuadras, el tiempo para caminar sin comprar y cuestiones como las salideras bancarias, la venta de turcas, pan con chicharrón, chipá y la mesa del dólar paralelo en el cruce de las peatonales. Fue cuando dijo lo que dijo: Tengo una idea. Todos callaron. No es de despreciar una idea comercial en la mesa de los sábados. Sumemos 17 a la mañana y 17 a la tarde. Un zorrito por cuadra. Con 34 inspectores municipales que no coimeen, que no dejen estacionar en doble fila, que corran las casitas de la basura, que impidan la descarga de los camiones de día, se soluciona todo. Eso sí: deben estar bien equipados. Qué muchacho dijo el Lalo, sabía que había un negocio. Si señor, uniforme amarillo patito, aclaró el Colo. Serían 200 uniformes y las pecheras luminosas.
¿Sabés el cuento de verde loro y amarillo patito, varón?, dijo el Cordobés. Nadie lo escuchó. Pasó de moda el humor cordobés. El Colo no aclaró el costo de las pecheras. El sábado que viene seguro lo dirá. Nadie cuenta los negocios antes de terminarlos. Nadie.