Jueves 26 de Febrero de 2009
Un robo calificado a dos chicas el martes a la noche, a diez metros de la subcomisaría 24ª de Empalme Graneros, pasó de ser un hecho delictivo más a convertirse en un caso que provocó un reclamo de representantes del barrio para que se otorgue más personal a las guardias nocturnas. Todo sucedió a las 21.30 del martes cuando dos hombres armados les sustrajeron un bolso a las jóvenes de 20 y 23 años y se fueron caminando. Las muchachas corrieron a pedir ayuda a la seccional, pero la encontraron cerrada. Golpearon la puerta y el único uniformado presente les comunicó que sólo podía tomar la denuncia y llamar al Comando Radioeléctrico porque tenía órdenes de no abandonar su puesto.
"Me fui hasta la subcomisaría para ver si mis hijas habían hecho bien la denuncia y me encontré con que había un solo policía, algo que pasa desde hace un año y medio", relató ayer Eloy Lisera, padre de las víctimas. "Eso ya me pareció una locura, pero no quedó ahí. Gentilmente el policía que estaba en el lugar intentó tranquilizarme y me ofreció hablar por teléfono con el jefe de la sub 24ª, el señor Omar Luraschi. Pero lejos de ofrecerme una explicación el comisario le dijo al agente: «Yo no tengo que hablar con nadie. Ya se recepcionó la denuncia y listo». Eso me pareció una falta de respeto", planteó.
Al encontrarse con esa respuesta institucional, pese a haber denunciado un robo reciente, el vecino de Empalme llamó por teléfono a Jefatura y pidió hablar con el jefe de la policía rosarina, el comisario Osvaldo Toledo. También contactó al juez de Instrucción Osvaldo Barbero y a la fiscal María Eugenia Iribarren, ambos de turno. A partir de ese momento, según relató Lisera, desfilaron jefes policiales de la división Judiciales, de Asuntos Internos y el jefe de la Inspección de la 3ª Zona, a la que pertenece la sub 24ª.
"Yo cuento lo que pasó porque estoy seguro de que a mí me van a solucionar el problema pero esto le va a pasar a la hija de otro vecino", comentó Lisera. "Una subcomisaría que a la noche tiene un sólo policía, que está encerrado por miedo a que le roben las armas, es como tener esa zona liberada de hecho", dijo indignado.
Paso obligado. Para los 40 mil vecinos que residen en Empalme, el cruce de las vías del ferrocarril Nuevo Central Argentino sobre Juan José Paso al 2000, es la puerta natural de salida del barrio hacia el este. El otro cruce sobre las vías es Génova. Justo en ese punto estratégico está asentada desde hace seis años la subcomisaría 24ª, que como ayer recordaba el presidente de la vecinal Osvaldo Lalín Ortolani "fue construída con el esfuerzo y el trabajo de toda la barriada".
La sub 24ª está en los límites de los barrios Empalme, Industrial y Toba. Por ese lugar tenían que pasar el jueves María Eugenia, de 20 años, y Estefanía, de 23, para regresar a su casa. Volvían a pie de una caminata por el Parque Alem.
"Volvíamos por la vereda del barrio Toba. Eran más o menos las 21.30. Pasamos calle Formosa y había dos pibes de unos 15 años que hacían como que esperaban el colectivo. No eran pibes tobas", puntualizó Estefanía para despejar un prejuicio común. "Cuando pasamos al lado de ellos María Eugenia me dijo: «Estefy, nos chorean»", rememoró.
Las chicas trataron de cruzar la calle, pero uno de los muchachos sacó un revólver "chiquito". "Nos robaron en medio de Juan José Paso. Pasaba la gente en auto, moto y bicicleta y nadie hizo nada", recordó María Eugenia. "Nos sacaron un bolso y se fueron caminando como si nada", relató.
Las muchachas corrieron los 15 metros que las separaban de la sub 24ª. Las chicas relataron que la seccional estaba cerrada y golpearon la puerta para que las atendieran. Que en el lugar había sólo un uniformado que, ante la insistencia de ellas, les dijo: "Lo siento. Tengo órdenes de no dejar la comisaría sola. Sólo puedo llamar al Comando y dejar constancia en el libro de guardia", recordó María Eugenia. "Nos tomó los datos en el libro, firmé y nos fuimos caminando hasta mi casa", contó.