Jueves 02 de Agosto de 2012
Frente a los pavorosos y crecientes casos de violencia contra la mujer, algunos de ellos con aristas espeluznantes llegando al mismo femicidio, yo pregunto: ¿por qué los hombres no levantan su voz como género reclamando por el cese de este flagelo infernal y exigiendo urgentes medidas gubernamentales para la prevención y sanción de estos casos? Más allá de algunos hombres que militan en organizaciones de diferentes órdenes sociales y se ocupan desde allí trabajando por esta grave cuestión me refiero a todos los hombres de bien, solteros o casados y de todos los estratos sociales, y franjas etarias dentro de la adultez; a los que fueron formados con sólidos valores éticos y espirituales; a los que lideran un buen hogar; a los que provienen de familias bien constituidas basadas en el amor y el respeto mutuo. ¿Dónde están? Además de madres (porque tienen madre), ¿no tienen esposas, hijas, hermanas, primas, tías, abuelas, cuñadas, vecinas, amigas, compañeras de trabajo? ¿Dónde están los que van a las iglesias, los líderes religiosos, los profesionales, los estudiantes, los políticos en general, los empleados, los obreros y todo hombre de bien? ¿Por qué no hay convocatoria masculina para salir masivamente a la calle y hacer marchas de protesta en defensa de la vida y derechos de la mujer? ¿Será que el clásico "no te metas" ha calado tan hondo en sus conciencias que ha logrado cauterizar a la misma, naturalizando semejante atrocidad? Involucrando también a los hombres de mi propia familia y preguntándome que más puedo hacer yo misma además de escribir esta carta, y ayudar como consejera cristiana, para revertir esta escalofriante realidad, (que también alcanza a niños inocentes) hago mías las sabias palabras del Mahatma Gandhi: "Más que los actos de los malos me horroriza la indiferencia de los buenos". Como mujer cuidada, amada, contenida y respetada, reclamo ese mismo derecho para todas las mujeres del mundo comenzando por las mujeres de mi Patria.
Raquel Pierri