Martes 07 de Diciembre de 2010
El escándalo de los documentos robados por Wikileaks a los yanquis hace recordar el argumento de la famosa película de los 80 protagonizada por el actor Christopher Lambert. El último de los luchadores inmortales que conseguía sobrevivir (después de cortarle la cabeza a sus adversarios) se quedaba con el premio final: el poder de leer la mente de los gobernantes del mundo. ¡Quién no soñó alguna vez con averiguar el pensamiento ajeno! Si eso fuese posible y lo que viéramos no fuera favorable, a nadie se le ocurriría enojarse con el dueño de la opinión, ya que es lo que realmente piensa de nosotros. Una buena parte de los países afectados actuó con esta lógica y el resto se ocupó en criticar el descuido, desaprovechando la ocasión de quitarle un poroto al país que más vende (y compra) en el mundo, en definitiva la principal razón de la diplomacia. ¿Se puede concluir algo de Argentina a través de los papers? Que nos consideran una Nación gobernada por funcionarios que priorizan prolongar su poder a conseguir soluciones duraderas a los problemas, que no sólo toleran la corrupción sino que la protagonizan con esmero. Este panorama sombrío debiera ser suficiente para que nuestras autoridades aprovechen este escándalo y mediten sobre los riesgos de seguir apostando ciegamente a un "modelo exitoso" basado en gran parte en el engaño.
Gustavo Micino, DNI. 21.843.876