Miércoles 09 de Marzo de 2011
Como docente de nivel primario y profesora de nivel secundario, me muevo en los dos ámbitos, por lo que conozco las distintas realidades desde adentro, como tantos miles que se desempeñan en estas esferas. Ya concluido el mal llamado "concurso de titularización secundario", sigo recogiendo comentarios de malestar entre muchísimos de mis colegas. Creo que no es casual que tantos se quejen del mismo tema. Algo habría que replantearse. Esta maniobra "histórica", según la ministra Elida Rasino, fue ante todo una injusticia. Entre ambos extremos (ley Rébola y concurso por oposición) se buscó una salida muy poco inteligente. En mi caso, con el título de profesora para la enseñanza primaria, jamás me inscribí cuando la ley federal de educación permitió a una maestra la aberración de trabajar a la par de una profesora en el secundario. Sencillamente, porque considero que no sería serio ni justo. Sí opté por recibirme en cuatro años de profesora de historia y comenzar el profesorado de lengua, el que no pude terminar por cuestiones de horarios. Hoy veo que hubiera sido en vano. Pero otras personas fueron más hábiles y con su título de maestra de repente se vieron a la par de quien había invertido cuatro años de su vida dando clase a alumnos de escuelas medias. Así, con este "concurso" tenían antigüedad sumada, pero sin título. Y titularizaron, ubicándose, por ejemplo, muy por encima mío en materias para las cuales yo tengo título habilitante, pero que lamentablemente nunca pude sumar mucha antigüedad, ya que no me llamaron para cubrir suplencias. Y casos como el mío escucho a diario. Sinceramente, no entiendo la postura del gobierno, ya que la tan trillada "recomposición histórica" debería haber sido, justamente, poner las cosas en su lugar y ubicar a esta gente con título supletorio (o incluso a veces sin él, designados por "dedocracia") en un segundo escalafón, premiando a quienes decidieron apostar por la educación y se prepararon. Pero menos aún entiendo la actitud de las personas que, ante el anuncio de la presencia del gobernador y la ministra, mostraban una emoción inexplicable. Yo pregunto: ¿qué aplaudía la gente? Los miles que perdimos horas de trabajo a manos de quienes no poseen título. O quizá el mensaje ambiguo del gobierno socialista: "apostamos por la educación, pero si no estudian, mejor". Tengo la tranquilidad de no haber votado a este gobierno, y la seguridad de que, hoy más que nunca, jamás lo haré.
María A. Pimentel DNI 20.298.407