Viernes 07 de Diciembre de 2007
Teatro El Círculo. Se apagan las luces y previo al espectáculo "¡Qué noche Bariloche!" de Diego Capusotto y Fabio Alberti, una voz femenina se dirige sensualmente a la platea y pide: "Desde este momento está prohibido filmar, sacar fotos con flashes y mantener prendido el celular. Por favor apáguelo y métaselo bien en el orto". La respuesta fue una unánime carcajada y puedo asegurarles, que durante una hora, no sonó ningún desubicado ringtone.
Podría realizarse una campaña así de contundente para que los automovilistas despeguen el
adminículo de sus orejas mientras manejan. O imitarse la estrategia también en restaurantes, bares
y colectivos de larga distancia donde los celulolaresmaníacos obligan a uno a escuchar eternas
charlas íntimas del tipo: "Sí, hola, estamos saliendo de la estación. ¿Por ahí todo bien, mi amor?
Te llamo en un rato cielito y también cuando lleguemos. ¿Me extrañás un poco, no? ¿Y me
querés?...".
Por qué no, usando un lenguaje menos soez, trasladar el plan a las escuelas donde, tanto
docentes como alumnos se convirtieron en verdaderos artistas del envío de abreviados mensajitos de
texto. O aplicar la movida en los consultorios de médicos y analistas donde tanto profesionales
como pacientes suelen preguntar: "¿Me disculpa?", antes de atender lo que denominan "un llamadito"
como si nominándolo así la interrupción molestara menos. Vamos..., ya en esta época sólo alguien
fuera de sus cabales podría ir contra el celular. Apenas se trata de respetar la calma pública o
los lugares donde el silencio es valorado. En realidad la culpa no la tiene el teléfono, sino quién
le da de comer...
Pensémoslo, en ciertos lugares, no es de buena gente molestar a otros con su bulla;
recordemos la voz femenina del teatro y metámonos el móvil bien donde no se escuche.