Martes 07 de Agosto de 2012
Una de las explicaciones en las que se sustenta el alto crecimiento económico del país en los últimos años se debió al precio de los commodities. El crecimiento sostenido del Producto Bruto Interno (PBI) nacional hasta el año anterior disminuyó el índice de desocupación, elevó los niveles de consumo interno, pero no logró penetrar en amplios bolsones de pobreza e indigencia que están contenidos con subsidios del Estado mal distribuidos. El bienestar general en su conjunto es la clave para que nuestra sociedad pueda vivir en paz y armonía. Digo "conjunto" porque mucha gente trabajadora lucha denodadamente para dignificar su vida con su trabajo, pero el sistema lo asfixia con más impuestos y servicios que aumentan continuamente. Exacciones que van a parar, en un gran porcentaje, a las manos de los que no trabajan. Es decir, una mitad que trabaja y se esfuerza es obligada a financiar a la otra mitad que no trabaja ni se esfuerza. A esta política se la podrá llamar de diferentes formas, yo la llamo "economía parasitaria". Este tema amerita la transcripción de un pensamiento de Adrián Rogers, pastor bautista estadounidense fallecido hace siete años; decía lo siguiente: "Todo lo que una persona recibe sin haber trabajado para obtenerlo es porque otra persona debe haber trabajado para ello, pero sin recibirlo. El gobierno no puede entregar nada a alguien si antes no se lo ha quitado a algún otro. Cuando la mitad de las personas llegan a la conclusión de que ellas no tienen que trabajar porque la otra mitad está obligada a hacerse cargo de ellas, y cuando esta otra mitad se convence de que no vale la pena trabajar porque alguien les quitará lo que han logrado con su esfuerzo, eso es el fin de cualquier Nación". El verdadero enfrentamiento que sufrimos en este país parece ser la puja distributiva de la riqueza. Este gobierno, que se dice peronista, debería recordar una frase de Perón: "Cada argentino debe producir, al menos lo que consume". Las políticas de los gobiernos no son obra de la casualidad. Con más dinero en las arcas (cuando lo había), el gobierno podía haber distribuido la riqueza más equitativamente, evitando que algunos sectores de la sociedad quedaran marginadas, lo que sucedió, por ejemplo, con los jubilados. El 73 por ciento de los jubilados cobra la mínima. Es decir que casi 4,5 millones de personas, con el nuevo aumento, cobrarán 1.880 pesos. De esta forma, el nuevo haber mínimo cubre apenas la mitad de lo que cuesta actualmente la canasta básica de un jubilado. En este contexto, debo señalar que cuando los que mandan pierden la vergüenza, los que obedecen, pierden el respeto.
Manuel Basanta / DNI. 93.971.708