Distintas realidades
Procedente de Mar del Plata, adonde estuve de vacaciones, recorrí las peatonales Córdoba y San Martín de mi ciudad natal, Rosario. Me encontré con una suciedad generalizada, restos de comida esparcidos en varios sitios, papeles de distintas dimensiones...

Martes 26 de Febrero de 2013

Procedente de Mar del Plata, adonde estuve de vacaciones, recorrí las peatonales Córdoba y San Martín de mi ciudad natal, Rosario. Me encontré con una suciedad generalizada, restos de comida esparcidos en varios sitios, papeles de distintas dimensiones, manchas a pocos metros de algunos locales gastronómicos; que bien podrían ser de aceite comestible. Me apenó mucho ver ese panorama en lugares tan concurridos, máxime porque vengo de la “ciudad feliz”, en la cual sus peatonales San Martín y Rivadavia (ésta se hace peatonal a partir de las 18) lucen muy limpias y cuidadas. Dicen que las comparaciones son odiosas, pero en ocasiones es importante señalar diferencias. Mar del Plata es visitada siempre por miles de turistas, sin embargo la limpieza en la vía pública es una constante. Mientras deambulaba por mi ciudad, me preguntaba cómo es que aquí habiendo menos gente que allá, en esta época del año, sobresale la mugre y no la pulcritud. Muchos dirán, es cultural, es culpa de las personas que les importa un bledo arrojar los desperdicios en las veredas, es la desidia, es la falta de más personal abocado a las tareas de limpieza, es... Y nos quedamos con esas expresiones, sin que medie una posibilidad de cambio, sin que haya concientización social, sin que alguien tome cartas en el asunto y decida multar a quienes tiran al piso lo que se les ocurre. Estas situaciones de la vida diaria son las que, reiteradamente, nos hacen dudar acerca del futuro de muchos compatriotas, quienes no asumen que de ellos depende también la reputación de un país. No nos quejemos solamente de los pésimos gobernantes o de las desacertadas medidas económicas. A menudo, hay que mirar para adentro de uno mismo, hacer un examen de lo interior para detectar cómo nos comportamos en sociedad. 

Marcelo Malvestitti