Lunes 07 de Junio de 2010
El pasado sábado 22 de mayo, aprovechando el fin de semana largo, invitamos a una amiga que vive en el sur del país y que estaba de visita en nuestra ciudad a conocer una de las pocas opciones que tenemos en Rosario las personas mayores de 30 años de edad para salir a bailar. Nos dirigimos a la disco Costello, de Av. Rivadavia y Pueyrredón, a la cual asistíamos frecuentemente y promocionada en varios medios rosarinos sólo para personas mayores de 28 años, los días sábados. En el lugar y después de esperar más de una hora para poder entrar, siendo meros espectadores de cómo se permitía el ingreso de personas sin hacer cola ni pedir ni invitación ni documentos, nos llegó el turno de pasar. Pero ello no ocurrió porque un patovica nuevo en el lugar llamado Diego, al llegar a la puerta nos solicitó invitación o documento. Ante nuestro asombro y al preguntarle para qué quería documento, si se notaba a simple vista que todas éramos mayores de edad (nuestras edades rondan entre 30 y 35 años), nos manifestó: "Por eso mismo... se lo estoy diciendo amablemente, el target del lugar es de 24 a 28 años". Como es de público conocimiento, las tarjetas de invitación que circulan para los días sábados promocionan que el ingreso es sólo para mayores de 28 años. Con todo esto quiero demostrar que en Rosario, en el mencionado lugar nocturno, no sólo se discrimina el color de piel, por el peso, por la vestimenta, sino que también existe otra clase de discriminación, por edad. Tener más de 30 años de edad ya está prohibido para ir a bailar, al menos en ese lugar y para esa personal. Por otra parte, ¿hasta cuándo vamos a seguir soportando este tipo de situaciones, abuso y maltrato por parte de estos señores sin identificación alguna, que porque le gustas o no te deja pasar o no? ¿No existe algún tipo de reglamentación del derecho de admisión y permanencia?
Nerina Rychen, DNI 25.588.396