Lunes 09 de Febrero de 2009
Muchas personas y personalidades, entre ellas el papa Benedicto XVI, desvirtuando su infalibilidad con posturas homofóbicas, califican a la homosexualidad y al lesbianismo como conducta inaceptable para la moral. En esta incondicionada segregación, arrastran injustamente hasta el lúgubre pantano de la indecencia, sin distinción de sexo, a personas de comportamiento moral público intachable. Sin desacreditar creencias sancionadas por el tiempo, uno se ve obligado a trazar una línea divisoria entre la fe ciega desarrollada por la teología y los conocimientos científicos, debido a largas investigaciones de expertos en la materia. Sabios que habiendo sido educados en creencias sectarias han muerto con sus convicciones, que a la postre fueron cristalizadas. La Biblia aprueba la homosexualidad: "2-Samuel 1.26... cómo sufro por ti Jonathán, dijo David, tu amor fue para mi más delicioso que el amor de las mujeres". Así también, en la política el lesbianismo no es discriminado. La primera ministra de Islandia, Johanna Sigurdardottir, lesbiana casada en 2002 con una periodista, ejerce el gobierno de esa región ártica. Es que los islandeses estiman sobre todo los méritos profesionales, la educación y la honradez como prioridades en un funcionario, asegurando que las cuestiones de la nación están por encima de toda intimidad privada.
Roberto Linares,
LE 2.303.332