Diosa ocasión
Los romanos personificaban a la diosa Ocasión como una mujer con alas, como símbolo de la fugacidad con que pasan ante el hombre las buenas ocasiones u oportunidades. Parada en puntas de pie sobre una rueda y con un cuchillo en la mano, la diosa Ocasión tenía una cabeza adornada por delante con abundante cabellera...

Viernes 01 de Julio de 2011

Los romanos personificaban a la diosa Ocasión como una mujer con alas, como símbolo de la fugacidad con que pasan ante el hombre las buenas ocasiones u oportunidades. Parada en puntas de pie sobre una rueda y con un cuchillo en la mano, la diosa Ocasión tenía una cabeza adornada por delante con abundante cabellera, mientras que por detrás, era totalmente calva. De manera que, al decir tomar la ocasión por los pelos, se entendía que debía esperársela de frente, cuando ella venía hacia uno, donde se tendría la oportunidad de tomarla, ya que una vez que había pasado (y al no tener pelos por detrás) sería imposible agarrarla. Muchas veces siento que los políticos abusan de la calva posterior para tomarnos a nosotros el pelo; sino, no se puede entender que a nivel nacional hace un tiempo un empleado de la presidenta llevó (¿?) un importante monto de dinero a su domicilio, para pagar a los pilotos en efectivo (¡?). Como ello se podrían citar miles de enriquecimientos sospechosos y casos de corrupción. Nos quejamos de la connotación partidista del acto del 20 de Junio, pero considero que las elecciones son como un tablero de ajedrez hay que saber cómo mover las piezas. La reina está haciendo sus jugadas y lamentablemente, parece que las otras piezas están dejando casilleros vacíos. Es inconcebible que en la pared lateral del Concejo por el pasaje Doctor J. Tarrico exista un mural que diga Fuerza Cristina. ¿No se supone que los símbolos partidarios en lugares públicos, especialmente de un espacio multipartidario, como es el del Concejo, deberían estar prohibidos? Creo que con el blanco de fondo se debería cubrir dicho mural, porque una vez que la diosa Ocasión pase ya no tendremos de dónde agarrarnos.

Silvia Buonamico