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Dilma reconoció la legitimidad de las protestas pero rechazó el vandalismo

Convulsión social en Brasil. La presidenta prometió recursos extra para salud y transporte. "Vamos a mantener el orden y no vamos a aceptar la violencia de una minoría"  

Sábado 22 de Junio de 2013

Mientras en Brasil se vivía otra jornada de protestas violentas, aunque de magnitud mucho menor a la de la noche del jueves, la presidenta Dilma Rousseff habló en un esperado discurso a la nación por radio y televisión. Rousseff dijo que ni su gobierno ni la sociedad pueden aceptar que una minoría violenta manche un movimiento pacífico y democrático, a la vez que prometió financiamiento extra para la educación y la salud, dos de los reclamos más extendidos y populares entre los manifestantes. En tanto, en la sociedad se registraba una reacción creciente de rechazo a la violencia y los saqueos vistos en casi todo Brasil durante la noche del jueves, cuando más de un millón de personas salió a las calles. Pero minorías de violentos organizados desnaturalizaron las protestas, como ya había ocurrido en jornadas anteriores.

Dilma tomó nota de este clima social. "Vamos a mantener el orden, brasileños y brasileñas", dijo Rousseff, famosa por su fuerte carácter. "Necesitamos oxigenar nuestro sistema político. Volver a nuestras instituciones más transparentes". La presidenta afirmó también que debe hacerse un esfuerzo para lograr un control más firme de parte de los ciudadanos de sus representantes, y para eso propuso una ampliación de la ley de acceso a la información. "Voy a recibir a los líderes de organizaciones pacíficas, de las organizaciones sindicales, de los movimientos de trabajadores. Precisamos de su creatividad y de su energía", enfatizó Dilma.

Pero la presidenta también presentó propuestas a una sociedad ansiosa de soluciones. Destinará el 100 por ciento de los derechos o royalties del petróleo a la educación y a repatriar médicos del exterior para el llamado Sistema Unico de Salud. La presidenta reiteró que gobierno y sociedad no pueden permitir que los casos de vandalismo que se han visto manchen un movimiento que considera "democrático y legítimo". Más adelante adelantó que se reunirá con gobernadores e intendentes para discutir un plan nacionalidad de "movilidad urbana, que privilegie el transporte público". Y reiteró: "Se los aseguro: vamos a mantener el orden. Los manifestantes tienen derecho a cuestionar todo y pedir cambios. Pero precisan hacerlo de forma pacífica. El gobierno y la sociedad no pueden aceptar que una minoría violenta y autoritaria destruya el patrimonio público y privado, ataque templos, incendie autos, apedree colectivos y trate de crear el caos en nuestros centros urbanos", advirtió la mandataria.

Mientras, anoche volvían en Brasil a repetirse marchas y episodios de vandalismo, aunque a escala mucho menor que en la noche del jueves. A la vez crecía en el país el rechazo a la violencia. Los informes de daños y las imágenes de negocios destrozados y completamente saqueados tuvieron impacto en las redes sociales, donde se multiplicaron las muestras de repudio. A su vez, el grupo Movimiento Pase Libre, de San Pablo, que dio inicio a la ola de protestas, declaró que daba por terminadas por ahora sus reivindicaciones, luego de que el gobierno de la ciudad diera marcha atrás con el aumento del boleto del transporte urbano. Una medida que imitaron otras ciudades.

Las protestas que estallaron el martes de la semana pasada en San Pablo y Río de Janeiro tomaron por sorpresa al gobierno en todos sus niveles. Cientos de miles de brasileños se han movilizado, furiosos por varios temas, desde la corrupción y el mal estado del transporte público hasta el gasto multimillonario para la organización del Mundial 2014 y la actual Copa Confederaciones.

Cambio.Las manifestaciones en general han sido pacíficas y lideradas por la clase media. Inicialmente, la violencia fue responsabilidad de la policía, que la utilizó en forma desproporcionada contra civiles inermes. Esto desató una ola de indignación nacional y multiplicó las protestas. Pero a estas se sumaron pronto grupos violentos organizados, que todas las noches de esta semana asediaron y lanzaron bombas molotov y piedras contra sedes de gobierno municipales y legislaturas locales y estaduales. El jueves, pequeños grupos trataron de invadir el Congreso Nacional, la sede de la Cancillería, la alcaldía de Río de Janeiro y la gobernación de Ceará. Ayer a la noche descendió notoriamente la masividad de las marchas y su número. Hubo protestas y piquetes en unas 30 ciudades. La mayoría de las protestas era protagonizada por algunos cientos de personas, no ya por decenas de miles. Grupos organizados creaban piquetes y cometían saqueos. Durante la tarde se debieron evacuar dos ministerios por falsas amenazas de bomba. Asimismo, se bloqueó la autopista Presidente Dutra, que une las ciudades de Río de Janeiro y San Pablo, a la altura del aeropuerto internacional paulista. A título de ejemplo, en la norteña Recife, el jueves se movilizaron más de 50 mil personas. Anoche se vieron sólo unas 250. Al parecer la mayoría de la gente se quedó en su casa para no verse involucrada en los hechos de violencia.

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