Dignidad y política exterior
Carlos Menem fue el símbolo del pragmatismo en política exterior. Astuto e intuitivo, tuvo plena conciencia de la irrupción de EEUU como única gran potencia luego de la implosión soviética.

Sábado 03 de Julio de 2010

Carlos Menem fue el símbolo del pragmatismo en política exterior. Astuto e intuitivo, tuvo plena conciencia de la irrupción de Estados Unidos como única gran potencia luego de la implosión del oso soviético. Rápido de reflejos, envió a la zona caliente del Golfo Pérsico dos naves de guerra en señal de alineamiento incondicional con el flamante unilateralismo. Enhebró sólidos vínculos con George Bush y Bill Clinton, quienes no dudaron en calificarlo como uno de los líderes más importantes del continente, un ejemplo a seguir por todos los países interesados en formar parte del "mundo desarrollado". Y Carlos Menem no los defraudó. Obedeció ciegamente las "sugerencias" del Fondo Monetario Internacional imponiendo al pueblo argentino una política de ajuste impiadosa, basada en el saqueo y la corrupción. Millones de argentinos expulsados del mercado laboral fue el precio que Carlos Menem no titubeó en pagar con tal de congraciarse con los dueños del mundo. El entonces canciller Guido di Tella utilizó una frase que pasará a la historia para describir el nuevo vínculo de la Argentina con el primer mundo: "relaciones carnales". Los sucesores del filósofo de Anillaco, Fernando de la Rúa y Eduardo Duhalde, procuraron afianzar, sin éxito, el vínculo sadomasoquista con EEUU. Sorpresivamente, a partir de mayo de 2003 asumió como presidente Néstor Kirchner, un ignoto político del extremo sur del país. Ante la sorpresa e incredulidad del establishment vernáculo, el patagónico archivó la política exterior menemista y la reemplazó por otra basada en el principio del multilateralismo. El criminal de guerra George W. Bush no ocultó su malestar. Ni qué hablar de la derecha cavernícola argentina, cuyas espadas más conocidas y filosas comenzaron a atacarlo sin piedad, acusándolo de enhebrar turbias relaciones con el "malo" de la política internacional contemporánea: Hugo Chávez. Con Cristina la política exterior apoyada en el multilateralismo se afianzó. Su reciente choque con el presidente francés Nicolás Sarkozy (verdadera reencarnación del mariscal Philippe Pétain) en Toronto por haber osado criticar la política de ajuste implantada por los gobiernos europeos a sus atribuladas sociedades, no hace más que corroborar el malestar que provoca al establishment internacional el cuestionamiento de las "verdades del neoliberalismo", la decisión de presidentes como Cristina de negarse a aplicar una política exterior que denigre a la dignidad nacional.

Hernán Andrés Kruse

hkruse@fibertel.com.ar