Miércoles 03 de Octubre de 2012
Como era de esperar de un gobierno progresista, todo lo que ellos entienden que sea represión, por hacer cumplir la ley, tiene que ser eliminado o degradado al punto de tornarlo inoperable. A nivel nacional ya lo hizo Garré con las Fuerzas Armadas, a las que transformó en un depósito de chatarra, y denigró al punto de que estemos indefensos ante cualquier amenaza externa por más ínfima que sea. Nunca se les ocurrió que si hubo gente en esas instituciones que delinquió, se las debió depurar y poner en condiciones de cumplir la función que es necesaria en cualquier nación que se precie de seria y que quiera tener presencia y respeto de las demás naciones del mundo. A nivel provincial, sucede algo parecido. Tenemos una policía con buena gente y algunos que no lo son. Pues bien, hay que buscar de limpiar a esos últimos, y lograr que se valorice y se respete a una fuerza que se merece el máximo de los respetos. Cuántos de nosotros estaríamos dispuestos a exponer nuestra vida todos los días para defender el patrimonio y la vida de los demás, por la miseria que les están pagando. Es un milagro que todavía exista. Ganan menos que un maestro, para comparar con un estatal nomás, y la función es sustancialmente distinta por riesgo y horas de trabajo. Están en la calle con todo tipo de inclemencias, a cualquier hora, sin feriados puente ni derechos de los que goza cualquier otro trabajador. Creo que realmente muchos de ellos lo son por vocación y por herencia. Las pocas veces que los necesité, me quedé admirado por el respeto y las ganas de hacer con lo poco (nada) que se les da para su tarea. La Policía Federal de otros años era la única policía comparable en algo con alguna de otros países. Gracias a Garré hoy ya casi ni existe. Los policías de aquí se tienen que comprar el uniforme -que no es más que un conjunto Ombú de un operario cualquiera-, las botas y las balas de las vetustas armas que les dan. Después, cuando tratan de hacer respetar la ley les hacen sumarios y los dejan en disponibilidad porque se queja algún detenido porque no lo llevaron demorado al Ros Tower, sin respetar sus derechos humanos. Nuestros policías, para poder darle de comer a sus familias tienen que hacer extras en bancos, negocios y canchas. Mal dormidos, ni hablar de entrenamientos, capacitaciones o cursos de criminología, armamentos u otros, necesarios para actualizarse día a día. Hasta que esto no se entienda y se implemente un rotundo cambio, vamos a seguir empeorando. Va a seguir muriendo gente porque la policía no tiene los medios para hacerse respetar, y por ende, va a continuar creciendo el delito y la gente común va a estar cada vez más indefensa.
Ricardo B. Castellani