Domingo 19 de Diciembre de 2010
Esta carta esta dirigida al juez que dirime la causa que llevamos adelante desde hace cinco años los propietarios del edificio de calle Jujuy 1478, propiedad que fue literalmente bombardeada por dieciocho pilotes de arrostramiento en sus cimientos. Estos fueron colocados en forma subrepticia por la empresa que dirige el arquitecto Caffaro Rossi para sustentar el elefante blanco de Wheelwright al 1700 y que nos produjo rajaduras en nuestras paredes, descalzamiento de puertas, levantamiento de pisos, desprendimientos de azulejos, rotura de caños cloacales y otros eventuales daños que están bajo nuestro terreno. Es posible que ahora después de tremendo avasallamiento, los abogados defensores de tamaña ignominia tengan la desvergüenza de decir que nos hicieron un favor porque de otra manera nuestro edificio se hubiera caído, cuando durante cuarenta años se mantuvo incólume ya que además fue hecho por profesionales que sí honran la arquitectura de esta ciudad. Señor juez, los daños psicológicos que nos produjo ver ese tremendo pulpo de cemento que se metía en las entrañas de nuestro edificio, de los edificios linderos y hasta de la mismísima calle, frente a los ojos de la Municipalidad y de Obras Particulares, que en ningún momento paralizó el accionar de estos invasores que nos estaban encadenando sin nuestro consentimiento a las futuras vibraciones, oscilaciones y daños que hemos y estamos sufriendo, merece un castigo por falta de ética profesional, por el menosprecio hacia los otros vecinos de esta ciudad. Señor juez ¡mentira! Estos no son elementos transitorios, ¿de qué estamos hablando, o es que deberíamos irnos todos de nuestros hogares para que demuelan las bases donde están colocados los pilotes invasores que vulneraron nuestra tranquilidad? Señor juez ¿qué más necesita para expedirse, es que en este país además de violentarnos por las calles y en nuestros propios hogares, ¿también debemos soportar que nos invadan por debajo de la tierra ladrones de guantes blancos? Somos diez familias que hemos sido invadidas sin nuestro consentimiento por inescrupulosos en una de las cosas más sagradas: la propiedad privada. De no hacerse justicia estaremos avalando que actos de este tipo proliferen para corroer así la trama social y sembrar el caos.