Diciembre, un mes especial
Diciembre siempre fue un mes especial, el último del almanaque, que induce a revisiones, análisis y procesos internos de cada uno. Nos lleva a lo familiar, a lo laboral, a lo social como a lo individual.

Miércoles 23 de Diciembre de 2015

Diciembre siempre fue un mes especial, el último del almanaque, que induce a revisiones, análisis y procesos internos de cada uno. Nos lleva a lo familiar, a lo laboral, a lo social como a lo individual. A recordar los logros y las cosas pendientes, desde distintas áreas, que en diferentes matices nos afectó y afecta. Pero también imaginamos una nueva puerta que se abre para seguir y hacer. Para renovar esperanzas con proyectos y objetivos claros. Apunta a un proceso personal de vivencias que a lo largo de 12 meses nos ha acompañado. A veces con buenos resultados, y otras lejos de los esperados. En lo político fue, sin duda, un año movido. Creo que es el espacio que más debe superar hábitos arraigados que no construyen. Se supone que ya deberíamos haber hecho un aprendizaje en lo que a esto concierne. Muy especialmente los políticos y, más aún, el gobierno que cierra un ciclo presidencial, sobre del que se espera una cooperación que facilite avances. Una de las cosas que más incidieron en mi parecer en la falta de acuerdos fue la ausencia de diálogo. El mismo es un ingrediente vital en toda democracia. Esto es indiscutible. Tampoco deberían repetirse las mezquindades que causan grietas a la vista, como así el camuflaje de cifras, porcentajes y números en general. A la larga o a la corta, la realidad, cuando es tal, termina desplazando las mentiras y todo lo que se hace con estrategias o métodos no ortodoxos u opacos. Como si esto fuera poco, termina luego arrastrándose por un tiempo, frenando un debido crecimiento, como la credibilidad de otros países hacia el nuestro, con lo que eso significa. Los primeros que deben poner esfuerzo, ahínco, y lo mejor de sí en esta etapa nueva, además del presidente Mauricio Macri, es todo el equipo que lo acompañará en estos cuatro años. Que el diálogo con todos los demás partidos sea al fin un hecho y no un deseo que siga sin tener cabida, como tanto tiempo se dio en el país. Que sea respetada la división de poderes, lo que a esta altura ni debería plantearse. Como tampoco jueces adictos al gobierno, que no investigan y archivan causas. Trátese por presiones, favores que adeudan o creen adeudar y motivos que sólo ellos saben y plasman. La Justicia nacional, como la de la provincia y la de la ciudad, sino pueden ser modelo, que sean lo más aproximado a la imparcialidad y a lo inobjetable. Que los ingredientes, que deberían estar de manera permanente, empiecen a resurgir en su conjunto. Que la salud, la inseguridad, la inflación, el derecho al trabajo y a la vivienda, como el flagelo del narcotráfico y los femicidios tengan toda la atención de quienes están al frente de los ministerios correspondientes, para encontrarse soluciones de fondo. Le educación, como es deseo de todos, que ocupe un lugar de privilegio, ya que hablamos de una inversión en el más amplio sentido. Ciertamente es un capital con beneficios a corto, mediano y largo plazo, lo que abre otras puertas. Que la paz, la participación y la armonía sean el aire de la República, junto al esfuerzo de los gobernantes y de la ciudadanía.

Nora Cardarelli