Diagnóstico equivocado
Hoy, el gobierno, la clase política y la Justicia están discutiendo si se aplican más o menos penas a los delincuentes. La discusión debiera ser otra. Que la reincidencia debe persistir, ya que...

Viernes 21 de Marzo de 2014

Hoy, el gobierno, la clase política y la Justicia están discutiendo si se aplican más o menos penas a los delincuentes. La discusión debiera ser otra. Que la reincidencia debe persistir, ya que quienes delinquen son abrumadoramente los reincidentes. Debemos ir a una convocatoria más seria. Discutir y lograr consenso en cuanto a eliminar la pobreza, la desigualdad social, la marginación, y el crecimiento exponencial de la degradación que viven grandes sectores de nuestra sociedad. Hay quienes no advierten que con este grado de miseria creciente es imposible hablar de seguridad. No porque los pobres sean sinónimo de delincuentes, sino porque la desesperación y la falta de horizontes han hecho que muchos integrantes de esa juventud que no tiene educación, y que es una franja enorme de nuestra población, hayan encontrado en la servidumbre al narcotráfico una manera de sortear las vicisitudes del hambre y la miseria. Seguimos pidiendo más policías, soñábamos con que el policía volara como Superman, y que atacará a los delincuentes volando rápido de lugar en lugar, ignorando que la policía hasta hace dos meses, cobraba un sueldo de hambre que en muchos casos no llegaba a los cinco mil pesos. Basta de demagogia, basta de parches, basta de libros y de computadoras, que son herramientas que si no se saben usar no conducen a ninguna parte. Debemos crear un programa integral para eliminar la pobreza, que consista en educar, en darles salud, para que puedan aprender a trabajar e  incorporarse a la sociedad. Debemos repoblar el país, que es inmenso, mientras casi el 80% de los habitantes vive en Capital Federal, Buenos Aires, Rosario y Córdoba. Hay miles de km2 de tierra. Hay que convocar a industriales y productores, incentivarlos para crear fábricas de alimentos en el interior. Hay que ir construyendo pequeñas ciudades a su alrededor  e ir paulatinamente repoblando el país, y haciendo que se eliminen las desigualdades insoportables.  Nadie puede salvarse solo. Hay quienes bregan por los animalitos, las mascotas y la eliminación de la tracción a sangre mientras la tracción a sangre es humana, donde se arrastran carritos llevados a mano con su carga mugrosa que intenta llevar un pedazo de pan a tantos marginados. ¿Cómo podemos consentir que la gente coma de la basura? Pensemos que en 1995 se derribó el último lazo que sostenía la esclavitud en Estados Unidos. Pensemos que hasta quienes después fueron consagrados santos en la Iglesia Católica aceptaban la sumisión del esclavo como algo normal.  Pensemos cómo nos van a ver las generaciones futuras cuando analicen la indiferencia actual  ante tanto abandono, permitiendo que millones de personas, niños y adolescentes transiten por esta espantosa situación. Cuando se cometieron saqueos (que no los consiento) muchos dijeron: “No roban para comer, muchos no tienen hambre”. Y yo les digo: “Muchos políticos y funcionarios, durante estos últimos treinta años de democracia, ¿no fueron acusados de robar? ¿Y tenían hambre acaso? ¿Tienen hambre hoy? ¿Y entonces por qué la Justicia es tan contemplativa?”.

Miguel Amado Tomé