Martes 15 de Marzo de 2011
Medio siglo desde aquel 15 de marzo de 1962 cuando John F. Kennedy ante el Parlamento de su país enunciara derechos esenciales y propios de los consumidores: a la salud, a la seguridad, a estar informados y a ser oídos, reflexionando además sobre la inconsultas decisiones que desde lo público y lo privado afectan a este grupo económico que ya era el más importante y numeroso, en un explícito llamado a la pertenencia de grupo, a la actitud, crítica fundamentada y colectiva, frente a tales relaciones jurídicas. El artículo 42 de nuestra Constitución nacional, incorporado en la reforma de 1994, enuncia derechos que nos asisten en las relaciones de consumo, la protección de la salud, seguridad e intereses económicos, información adecuada y veraz, libertad de elección y condiciones de trato equitativo y digno. También le indica al Estado que debe proteger esos derechos, realizar campañas de educación para el consumo, defender la competencia, controlar los monopolios, la calidad y eficiencia de los servicios públicos dictar marcos regulatorios y apoyar la constitución de asociaciones de consumidores y su participación en los organismos de control. La ley 24.240 y su reforma, en defensa del consumidor, constituye un manual práctico con lenguaje coloquial que debemos repasar cotidianamente para que nuestra calidad de clientes sea de ciudadanía pura y que cuando ello no suceda estemos habituados y habilitados al adecuado reclamo. Como vemos, herramientas no faltan, historia tampoco, conmemoraciones menos, lo que está en mora o ausente es la necesaria educación para el consumo a través de campañas acordes a la importancia que reviste la temática y que no pueden provenir de iniciativas aisladas, sino desde el Estado en todos sus niveles y efectiva intensidad. Una reciente e interesante nota de la revista "Nueva" muestra una síntesis del trabajo de la científica Annie Leonard, cuyo video de imperdibles 15 minutos circula por Internet y puede encontrarse bajo el título "La Historia o el Origen de las Cosas". Allí, esta crítica investigadora del consumismo y sus consecuencias, nos cuenta didácticamente el origen y el destino final (ambos contaminantes) de ciertas compras, el derroche irresponsable de recursos amenazando el futuro del planeta, que debemos incorporar a la agenda pública ya que no se trata de una predicción mística, el daño ya infligido en los últimos cincuenta años, que no se detendrá porque sostiene el sistema en crisis, comienza a enojar al planeta que nos avisa cada vez con mayor fiereza, sobre límites que no deberíamos trasponer. Pero el incentivo al consumo indiscriminado como motor económico, no trae sólo el perjuicio ambiental, sino que funciona pretenciosamente bien entre desiguales, lo que se suele expresar técnicamente como la relación asimétrica entre partes, una poderosa, el proveedor, la otra débil, el consumidor o usuario, que traducido al barrio equivale a que estos últimos deben padecer la mortificación que producen las frustraciones por bienes y servicios que no coinciden con la oferta, la letra chica contrariando lo que a primera vista leímos en grande, el "pague o le retiro el servicio", "la oferta fue hasta ayer", "el problema es de su instalación interior", "en unos años tendrá un servicio eficiente", "su cobertura no lo incluye", "el reintegro en la próxima factura", "el contrato está firmado con ésta cláusula", "la responsabilidad no es nuestra". Resalto, para terminar, que "todos somos consumidores" y como tales tenemos opciones, o la resignación ante lo injusto o a partir de nuestros derechos sumarnos a la virtuosa lucha por la vida misma.
Néstor Trigueros (Jefe de la Oficina Municipal del Consumidor)