Día del imbécil (III)
En respuesta al señor Agustín P, no menciono su nombre completo por ética, es mi estilo de actuar con personas que discernimos. Respecto a su nota publicada el día jueves 31/07, en la citada, me cuestiona: ¿Cuál es mi derecho para juzgar una...

Jueves 07 de Agosto de 2014

En respuesta al señor Agustín P, no menciono su nombre completo por ética, es mi estilo de actuar con personas que discernimos. Respecto a su nota publicada el día jueves 31/07, en la citada, me cuestiona: ¿Cuál es mi derecho para juzgar una tradición ancestral del pueblo vasco? Mi respuesta es que la nota publicada de mi autoría, no tiene ningún sentido de juzgar, sino, de ponerles un título a esas personas que por diversión, son expuestas voluntariamente a graves accidentes en esos variados juegos. Es notorio, la fiesta de los toros San Fermín ya fue expuesta en mi primera nota publicada el día 25/07, mi inquietud está relacionada a esas personas que no piensan dos veces las consecuencias y son proclives al título que encabeza la nota. De realizar un segundo razonamiento, es de pensar qué dirían: estos brazos y estas piernas sirven para traer comida a mi familia y aquellos que me alientan para que me exponga en el espectáculo; y así mantener la tradición ancestral, les digo que vengan ellos a poner el pellejo y no mirarme desde su televisor cómodamente. En otro orden, es de notar al señor Agustín P., que sus agregados son irreales, no son mencionados en mi nota, en cuanto a que no expongo interés en otras decenas de prácticas que también pueden ser fatales o con mutilaciones, y que solamente, recabo en los acontecimientos de San Fermín. En mi constante aflicción por el prójimo y considerando que todos los accidentes son lamentables, mi experiencia es dada, fruto de mi oficio como proyectista en modificaciones de maquinarias, que ocasionaron accidentes en todos los tipos de industrias, a través de los años, este oficio equilata experiencia en hechos accidentales de mutilaciones en todo el cuerpo. Varias fueron las costumbres y tradiciones que ocasionan hechos lamentables en todo el planeta. Sería larga la lista para enumerarlas, pero todas ellas tuvieron su tiempo, no podríamos seguir hoy con las costumbres de Roma que realizaban en la época cuando encerraban a seres humanos en el circo para lanzarle luego los leones, o las de ciertas culturas, en el sacrificio brindado a los dioses con la vida de criaturas. En cuanto a su planteo de mi estrecho cerebro, por ser solidario con los animales, le comunico que somos varios los que razonamos de esa forma, sería cuestión de consultar a un neurocirujano, con un calibre y que les tome las medidas a dichos cerebros. Señor Agustín P., en estas columnas, lo primordial es tratar las diferencias con altura y respeto, tanto entre rivales, como para el lector, factor primordial, pues sin ellos, nuestros escritos no tendrían sentido. En cuanto a la polémica surgida, también queda a su criterio, como la de todos los lectores, en destinar un día para la temática en cuestión, sin descartar ningún otro acontecimiento que provoquen accidentes de variadas índoles, por estúpidas negligencias, teniendo en cuenta a su vez, guerras provocadas, hambrunas y suplicios en animales. En cuanto a una reflexión a la temática expuesta, en breve síntesis, que tal vez sirva para algo, tomando en cierto modo los largos años del respetado pueblo Vasco en su lucha por su autodeterminación, de poco sirve tener en sus filas personas mutiladas.
 

Aurelio Puccini