Día del ilustre desocupado
La jornada llamada Día del Trabajador debería ser, a mi juicio, el “día del trabajo”. Muchos pasan por la angustiante situación de no poder sustentarse, como suele decirse, con el sudor de su frente; por el contrario, viven en un estado permanente de desazón...

Miércoles 07 de Mayo de 2014

La jornada llamada Día del Trabajador debería ser, a mi juicio, el “día del trabajo”. Muchos pasan por la angustiante situación de no poder sustentarse, como suele decirse, con el sudor de su frente; por el contrario, viven en un estado permanente de desazón, angustia y ansiedad por no tenerlo. Y sufren el menoscabo de una sociedad que poco hace para absorberlos. Sí, un Estado que los humilla quitándole la creatividad con un subsidio miserable a cambio de triturarle las neuronas. Incluso para aquellos que lo tienen a veces a cambio de un magro sueldo que no alcanza, inflación mediante (mal endémico nuestro) para vivir dignamente. Su lucha de subsistencia permanente y sin perspectivas de crecimiento también corroe a su persona, su dignidad, su familia y a la sociedad toda. Entonces, las ilusiones y los sueños se postergan en una vida que no es eterna; los años pasan sin llegar muchos a las metas propuestas en la juventud no tan lejana en que se los pergeñan. Es como querer alcanzar la zanahoria pendiente de un palo delante de todos nosotros. Luego, como mazazo final la jubilación, si los patrones aportaron. Mientras tanto, con estos feriados y otras anormalidades en una sociedad que vive de prestado, seguimos las directrices de un gobierno cachondo, afecto al jolgorio y las jodas. De paso, cañazo para los que se van de minivacaciones, para los que se quedan, para todos y todas; cuando vengan, como siempre en las fiestas y posteriores vacaciones, nos vacunan con los aumentos que nadie sabe de dónde vienen, ni tampoco dónde nos llevarán, ese es nuestro modo de festejar el Día del Trabajador o del trabajo y del ilustre desocupado. Todo lo que pasa es por un gran individualismo que es parte de nuestro ser, la solidaridad es un espejismo.

Roberto Sánchez