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Devaluación y tasas cambian los negocios

Las modificaciones cambiarias no llevan necesariamente a una explosión. Habrá una nueva forma de trabajar para las empresas.

Domingo 02 de Febrero de 2014

La Argentina en el año 2002 realizó una fuerte devaluación del peso, que por lo exagerada, explosiva y desordenada, le permitió durante años no realizar megadevaluaciones. Luego del evento devaluatorio del 400%, Argentina vivió una gran suba de sus exportaciones, impulsada por el precio de la soja, que pasó de u$s 150 a u$s 600 la tonelada. Si a esto le sumamos una explosión en las cantidades cosechadas, el país vivió sin sobresaltos cambiarios y de tasas de interés importantes. La regla que acompañaba al empresario era una inflación que se ubicaba muy alta, tasa de interés negativa y un dólar que crecía a tasas de un digito.

   En este contexto, los agentes económicos despreciaban acumular dólares. El lema era no financiar a Obama y llenar la estantería. La compra y venta de mercadería, como la acumulación de stock era mucho más negocio que comprar dólares. Fue un deporte nacional pedir financiamiento a tasa de interés real negativa, para adquirir mercadería, maquinaria, construir y de esta forma mejorar la competitividad de las empresas. Los créditos brindados por el Estado eran de una tasa de un dígito y los bancos financiaban a tasas del 15% anual, cuando la inflación era del 25% anual.

   En este escenario, el que se endeudó gano mucho dinero. Se tomaron créditos millonarios, cuando el dólar estaba entre 4 y 5 pesos, y hoy el oficial vale 8 pesos y el blue cotiza a 12,60. La licuación de los créditos fue muy importante. Esto también le cabe al mercado de consumo, muchas familias pudieron equipar sus casas, acceder al primer auto y comprar propiedades, gracias a este financiamiento tan económico.

   Este escenario no sería para siempre. Es imposible pensar que la tasa de interés será eternamente negativa frente a la inflación. Las tasas fijas eran algo sólo temporal, y el dólar perdiendo competitividad no era real.

   En el país más bello del mundo, los habitantes veraneaban más afuera de sus fronteras que en sus bellezas naturales. Un boom de turismo al exterior nos estaba marcando que la competitividad no era la mejor. Los autos importados valían igual o menos que los nacionales. La energía era regalada, en un mundo en donde las materias primas valían cada vez más. Algo no era normal en este escenario.

   La concurrencia de años con déficit fiscal, elevada inflación, baja tasa de interés y dólar planchado, hicieron que el emprendedor olvidara las megadevaluaciones y la suba de la tasa de interés. El negocio pasaba por comprar a plazos, vender a plazo, tomar financiamiento para hacer crecer al negocio, y en algún momento adquirir algunos dólares como resguardo de valor.

   Como el dólar no daba satisfacciones, porque su evolución era inferior a la tasa de interés y la inflación, en Argentina vivimos un boom del mercado de la construcción, que impulsó a que muchas personas ahorraran en ladrillos ante la falta de alternativas de inversión y la baja institucionalidad que tenía el país. El pasado nos condena con cesación de pagos de títulos públicos, confiscación de plazos fijos, pesificación de inversiones, entre tantas barbaridades que se cometieron en este país, dañando la confianza del ahorrista.

   En todos estos años, muchos emprendedores ganaron muchísimo dinero, aprovechando inteligentemente las ventajas que le permitía el plan económico, el alto consumo (gracias a salarios reales altos) y una economía cerrada.

   Entre los años 2011 y 2013 el modelo económico comenzó a resquebrajarse. Los cinco puntos que hicieron crecer a la economía en la era Kirchnerista eran los superávit gemelos (superávit fiscal y comercial), la acumulación de reservas, el desendeudamiento y un tipo de cambio competitivo.

   Desde el 2011 en adelante, de estos cinco atributos, sólo el superávit comercial quedo en pie. El resto no fue de cumplimiento efectivo. Las reservas cayeron, el déficit fiscal se hizo presente, el dólar dejó de ser competitivo y nos desendeudamos a costa de perder reservas, no en forma genuina.

   El no cumplimiento de los cinco puntos que Néstor Kirchner pregonaba, nos llevó a una fuerte caída de reservas y un deterioro manifiesto de las cuentas públicas, agravadas por una sumatoria de subsidios energéticos que generaban una indeseada distorsión de precios relativos en la economía, y aceleraban el proceso de pérdida de competitividad que tenía el país.

Nuevo escenario. En este escenario, en el mes de diciembre pasado, las nuevas autoridades del Banco Central República Argentina llevaron adelante un brusco cambio en materia monetaria y cambiaria. Lo que no vivimos en 12 años, se observó en apenas 60 días. La devaluación del signo monetario fue la más elevada desde la salida de la convertibilidad, como también la suba de tasas de interés.

   Cambió la regla monetaria y cambiaria para los agentes económicos. Hoy la devaluación es mucho más alta que la tasa de interés, y la tasa de interés es más elevada que la inflación. Lo inverso que sucedió en los últimos 10 años de economía kirchnerista.

   En este contexto, el emprendedor se sintió agobiado y confundido, los medios de comunicación hicieron foco en la suba del dólar oficial, pero la realidad indica que no es la suba del dólar el cambio estructural de esta economía. La tasa de interés es la madre de todos los precios, y lo que está plasmando es el cambio en la forma de hacer negocios.

   La suba del dólar trae inestabilidad emocional a la mayoría de los argentinos, ya que por años estuvo relacionado con la hiperinflación y otros males de nuestra economía. Si el dólar sube, los precios ajustarán sin miramientos. Muchos de nuestros productos tienen componentes importados, y una porción importante son importados, producto de la falta de competitividad de nuestra economía, y escasa inversión en nuestro país.

   Sin embargo, el dólar se devaluó a 8 pesos y quedó en dicho nivel. Esto perjudica a muchos sectores, pero beneficia a los exportadores y a aquellos que trabajan en la sustitución de importaciones. La suba del dólar oficial hará colocar a los precios en otro nivel, sin dudas más elevado que el anterior. Comenzando por los combustibles, la cadena de comercialización elevará sus costos y esto determinará una suba de precios, que irá desde el 7% al 30%, según el componente importado del producto.

La tasa. El problema, no advertido, o al menos soslayado por muchos analistas, es el brusco cambio en la tasa de interés. Una tasa que se ubica entre el 25% y 30% anual, cambia todos los plazos de comercialización de una economía. Las ventas pasan a ser todas de contado, y las empresas tienen que comprar a plazo pagando precios más elevados y resignando rentabilidad, o bien deberán aportar capital de trabajo a sus empresas para rearmar la liquidez.

   La suba de la tasa de interés da por finalizada la feliz etapa de crédito para todos, gran cantidad de cuotas fijas, y compras a plazo. Los precios picaron a la suba, y el efectivo tiene que aparecer en la plaza.

   Los agentes económicos, presionados ante la gran presión tributaria y los grandes controles impositivos, ante un escenario de suba de tasas y dólar, reaccionaron paralizando las operaciones, no comprendiendo el cambio de programa monetario y cambiario.

   No vender es un pésima decisión, entorpece la actividad económica en el corto plazo, y en menos de 15 días tendrán que volver al mercado con ofertas, para poder financiar el giro económico de su empresa. Nadie puede permanecer de vacaciones por mucho tiempo, los compromisos impositivos, salariales y la cadena de pagos, no lo permite.

   Ingresamos en una nueva etapa del plan económico, que muchos pedíamos a los gritos. Tenemos una mejora sustancial en el valor del tipo de cambio, con beneficios concretos para muchas empresas exportadoras. El Banco Central subió la tasa de interés a niveles superiores a la inflación, haciendo un reconocimiento de la gran suba de precios que tiene esta economía. Por otro lado, en enero el gobierno está absorbiendo pesos, lo que implica que se terminó la época de emitir alegremente. Hoy se absorbe pesos y se pretende revalorizar a la moneda. Si el Banco Central no emite, el Estado carece de financiamiento, con lo cual el ajuste fiscal es inevitable, ya que Argentina no cuenta con financiamiento externo.

   Las nuevas autoridades del Banco Central vinieron a poner orden monetario y cambiario. Los agentes económicos no solucionan nada dejando de vender, deben adaptarse al nuevo contexto financiero. Los plazos se hicieron cero, hay que recomponer el capital de trabajo (poner algo del dinero que se ganó en los últimos años) y hacer sintonía fina con la política de precios. Es cierto que el gobierno no atraviesa el mejor momento político, y no es menos cierto que la oposición no está a la altura. Ni hablar de los que pregonan que mañana esto explota, sin medir que la vida de muchos compatriotas pasa por la producción y el empleo.

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