La investigación judicial sobre la muerte de Joana Aquino, la piba de 16 años baleada el lunes por la noche en su casa de villa La Bombacha, dio un inesperado giro ayer cuando la fiscal Mariana Prunotto ordenó la detención de todos los familiares que estaban en la vivienda al momento del hecho, ninguno de los cuales tiene antecedentes prontuariales. Así, el padre de la adolescente, su actual pareja, uno de los hijos de la mujer y su novia serán imputados hoy al mediodía con distintos grados de responsabilidad. Otro hijo de la actual mujer del padre de la chica quedó a disposición de la Justicia de Menores. En principio la fiscal comenzó la investigación como muerte dudosa y mañana se sabrá si mantiene esa carátula o la transforma en homicidio.
“La nena falleció en la casa donde se encontraba la familia y como no se pudo encontrar el arma usada ni tampoco obtener una versión clara de lo que pasó se decidió detenerlos. Serán imputados por el hecho en la audiencia oral y pública”, expresaron fuentes de la investigación. A ese combo de dudas que surgieron en la pesquisa comandada por Prunotto se le agregó el informe preliminar del médico forense que revisó el cuerpo de Joana. El profesional determinó que la bala que terminó con la vida de la menor, calibre 22 corto, ingresó a la altura de la axila derecha y recorrió el tórax hasta alojarse sobre el costado izquierdo, con una trayectoria descendente.
En la pesquisa, la fiscal ordenó la realización de un dermotest a todos los miembros de la familia ya que de la escena del crimen los peritos secuestraron una pistola de aire comprimido de pequeño calibre aunque no sería el arma homicida.
Encerrada. El lunes a la noche Joana Aquino salió de su humilde casa en la villa La Bombacha y al regresar se encerró en su pieza. Allegados a la familia indicaron que oyeron ruido a chapas y cuando uno de sus hermanastros entró a la habitación la joven estaba tirada sobre un sofá: tenía un balazo que le había cruzado el pecho de derecha a izquierda, sin orificio de salida. Sin embargo no había sangre. El muchacho dijo que pensó que se había desmayado. Y relató que no había armas cerca de la chica. La adolescente fue llevada en un auto al Hospital de Niños Zona Norte donde murió luego de una hora de intentos de los médicos por reanimarla.
El martes, La Capital llegó hasta la villa La Bombacha, una barriada limítrofe con Fisherton Noroeste, para conocer sobre la vida de Joana y su familia. A fines del año pasado “Caly”, como se conoce al padre de la chica, llegó desde el barrio 7 de Septiembre para alojarse en cercanías de Olmos y Schweitzer. El hombre, que se gana la vida como albañil, formó una nueva familia con una mujer que tiene dos hijos y a la que se incorporó Joana, la mayor de sus cuatro chicos. El resto de los hijos de Caly se afincó en casa de los abuelos paternos en la localidad de Calchaquí, en el norte santafesino. Con la mudanza, Joana había dejado de estudiar y trabajaba esporádicamente en una tienda del barrio.
En esa zona pauperizada, minada de casas humildes de material y precarias de chapa y cartón, las doñas charlaban buscando una razón a la sinrazón. Barajaban no más de tres hipótesis. La más resistida era la del suicidio. “¿Qué le puede pasar por la cabeza a chica de 16 años para matarse?”, se preguntaba una mujer. “Andá a saber. A lo mejor se quiso sacar una foto con el celular teniendo un fierro y se le escapó un tiro. O quizás fue una bala perdida, porque el hermano dijo que escuchó ruido a chapas y la ventana de esa habitación está tapada con una chapa”, recalcó otro vecino. “Acá andan todo el tiempo a los tiros, sin códigos ni horarios, tendrían que mirar la chapa para ver si está agujereada”, reclamó otra doña. La muerte de Joana dejó abiertas más preguntas que respuestas.





























