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Despegado de la realidad

¿Qué es lo que ha sucedido entonces? Desde hace varios años se está hablando de la "financierización", esto es que los mercados vienen funcionando de modo despegado de la economía "real", de modo tal que las transacciones de mercado superan en muchas veces los productos brutos de las naciones donde estos mercados funcionan. En otras palabras, muchas de las transacciones están hoy muy lejos de un trasfondo económico real: algunos "papeles" financieros no representan ya una porción del patrimonio (o de la deuda) de una empresa concreta, sino que son complejos instrumentos financieros, que representan operaciones de difícil comprensión, incluso para los inversores más experimentados.

Domingo 18 de Enero de 2009

¿Qué es lo que ha sucedido entonces? Desde hace varios años se está hablando de la "financierización", esto es que los mercados vienen funcionando de modo despegado de la economía "real", de modo tal que las transacciones de mercado superan en muchas veces los productos brutos de las naciones donde estos mercados funcionan. En otras palabras, muchas de las transacciones están hoy muy lejos de un trasfondo económico real: algunos "papeles" financieros no representan ya una porción del patrimonio (o de la deuda) de una empresa concreta, sino que son complejos instrumentos financieros, que representan operaciones de difícil comprensión, incluso para los inversores más experimentados.

Es que en el fondo, los rendimientos de cualquier vehículo de inversión deben estar explicados, vinculados, con los proyectos productivos reales y concretos que lo sustentan.

Es cierto que esporádicamente se puede obtener una rentabilidad excepcional, por meras correcciones de precios: por ejemplo, porque hemos tenido la suerte de comprar una acción que estaba transitoriamente muy barata. Por supuesto, la situación inversa también puede darse y podríamos haber comprado una acción demasiado cara. Pero en un promedio de largo plazo, no podríamos racionalmente tener la expectativa de una rentabilidad financiera más alta que la de los proyectos reales. Diciéndolo más técnicamente, una cartera de inversiones diversificada no debería rendir en el largo plazo más que crecimiento del PBI.

Habría entonces una suerte de "velocidad máxima" en los mercados financieros, una rentabilidad máxima de largo plazo, que sólo se podría superar tomando más riesgo. Así, en los años anteriores a esta crisis, se han venido creando distintos vehículos de inversión, de gran complejidad, llamados productos de "innovación financiera", que prometían mayor rentabilidad que la que podía razonablemente lograrse. Esta "innovación financiera" era riesgosa, pero esos riesgos fueron soslayados en muchos casos por inversores, organismos de control y calificadores, en distintos países.

Pretender una mayor rentabilidad no es algo malo. Al contrario, todos queremos que nuestras inversiones rindan más. El problema aquí está en que en muchos casos hemos perdido de vista cuál es su sustrato real. Hubo así una disociación cada vez mayor entre las inversiones y los proyectos reales que permitían que esas mismas inversiones sean rentables.

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