Edición Impresa

Despacio, juveniles jugando

Opinión, por Sergio Faletto. En el último clásico, los desempeños de Jalil Elías y Héctor Fértoli pusieron en valor sus condiciones futbolísticas al erigirse en piezas destacadas en el trámite de ese partido.

Jueves 28 de Abril de 2016

En el último clásico, los desempeños de Jalil Elías y Héctor Fértoli pusieron en valor sus condiciones futbolísticas al erigirse en piezas destacadas en el trámite de ese partido. Como así ocurrió no hace demasiado tiempo con Franco Escobar y Gabriel Báez. Como también con Ezequiel Unsain. Y en su momento con Denis Rodríguez y Daniel Mancini. Pero así como dejaron una buena impresión en las presentaciones, también es razonable que sus rendimientos puedan ser más discretos en ocasiones. Por lógica futbolística. Ya que las actuaciones no son lineales. Porque así en el deporte como en la vida misma existen matices y circunstancias que no siempre se transita como se pretende. Aunque sí es cierto que las sentencias implacables del cortoplacismo no entienden de atenuantes. Marcando a veces una corriente adversa que atenta contra la potencialidad futbolística de varios de ellos al forjar un preconcepto que se canaliza en reprobaciones prematuras.

Los coordinadores y formadores de las divisiones inferiores coinciden, más allá de los estilos de trabajo, en que el desarrollo de un futbolista necesita del respeto de los tiempos de maduración. Y aunque alguna frase hecha actúa como un reduccionismo, cuando reza que "los buenos jugadores juegan siempre", hay sobrados ejemplos de aquellos que sufrieron demoras en el crecimiento por la urgencia de los entrenadores en promocionarlos. En este contexto bien puede ubicarse la actualidad de Newell's, en la que independientemente de un análisis cuantitativo, los jugadores que fueron emergiendo en los últimos años saltaron al campo de primera más por urgencia que por haber alcanzado la plenitud para hacerlo.

La problemática futbolística rojinegra fue acelerando los procesos de muchos juveniles provenientes de la cantera de Bella Vista. Para lo cual coexistieron decisiones desacertadas. La madre de todas las determinaciones equivocadas fue no haber sustentado con una decisión institucional férrea la matriz futbolística conseguida. Y de ahí se desprendieron las otras directrices, como la falta de respaldo a ciertos entrenadores, la contratación de otros y las consecuentes políticas dubitativas, y hasta antagónicas, en materia de incorporación de refuerzos.

Y en el medio de tanto tembladeral, el arrebato constante a las divisiones inferiores para tratar de que los juveniles resuelvan o maquillen los desaciertos en el manejo del fútbol profesional. Haciendo de esto un camino equivocado y con alto costo, porque no sólo no sirve como solución sino que también precariza el normal desarrollo de varios pibes.

Porque además de los mencionados, también alternaron con el plantel profesional Milton Valenzuela, Maximiliano Pollachi, Joaquín Torres, Iván Silva y Emiliano Franco, entre otros pibes de las inferiores rojinegras. Y ellos, junto con los nombrados precedentemente, necesitan de la construcción de un nuevo escenario para poder rendir acorde a su potencialidad y así establecer a ciencia cierta los momentos precisos para que logren la regularidad indispensable.

Cada uno de ellos forma parte de un capital del club que todavía necesita el control de calidad para su posterior ensamble, o no, en el equipo de primera división rojinegra. Cualquier consideración hoy tiene un amplio margen de error. Mucho más injusta resulta una calificación determinante. Como las que se escuchan a menudo. Recién después de un período de adaptación se podrá formular un análisis sobre las particularidades futbolísticas. Cuando cada uno de ellos haya disputado al menos medio centenar de partidos en primera. Y cuando se hayan acercado a la ecuación que establecieron los entrenadores como indicador de madurez futbolística: elegir la jugada que corresponde en el momento indicado.

Por tal motivo será fundamental que el próximo ciclo dirigencial y futbolístico contemple una nueva etapa de mayor certidumbre y coherencia, en la que tras la renovación se alcance mayor eficiencia.

¿Te gustó la nota?

Dejanos tu comentario